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“Una fotografía vale más que mil palabras”, dice la frase popular que bajo la mirada de un historiador acucioso no significa nada si no sabemos leer una imagen. La tarea de dar lectura y ubicar a las imágenes en el momento preciso es parte de la tarea que los historiadores de la fotografía emprenden cada vez que se encuentran con una imagen de nuestro pasado. Miguel Ángel Berumen (Ciudad Juárez, 1962) es uno de los investigadores de la fotografía más importantes de México. Ha abierto la mirada a los documentos que retrataron la frontera norte de México y la Revolución Mexicana. Se ha desempeñado profesionalmente en las áreas de la investigación histórica, gestión cultural y producción editorial y museográfica. Ha curado múltiples exposiciones en importantes espacios de México y el extranjero y escrito varios libros como 1911. La batalla de Ciudad Juárez, Pancho Villa, la construcción del mito, México, fotografías y revolución, cuatro de los cuales lo han hecho acreedor a premios internacionales como el Southwest Book Award. Ha dirigido el Museo Nacional de la Revolución Mexicana y el Museo Nacional de la Revolución en la Ciudad de México. Actualmente prepara los guiones para dos museos en el estado de Chihuahua, y tiene en exhibición la muestra titulada La búsqueda de un ideal. La Constitución de 1917, en el Museo de Historia Mexicana en Monterrey.

 

¿Cómo llegó a ser historiador de la fotografía en México?

Fue de manera circunstancial. El amor por la imagen empezó desde que yo estaba en el inicio de mi carrera, en Sociología. En la Ciudad de México conocí muchos cines y me fasciné por lo que contaban las imágenes, en este caso, en movimiento. Al regresar a Ciudad Juárez, mi ciudad natal, me seguí interesando en las imágenes en movimiento y me convertí en un promotor de cine. Pensé que era muy importante descubrir cómo había llegado el cine a Ciudad Juárez. En ese ejercicio descubrí el potencial de las imágenes fijas, porque en mí recayó la investigación iconográfica de ese libro que se llamó La mirada soterrada. De ser un promotor de cine pasé a hacer investigación.

¿Cuál es la importancia de la fotografía para la historia de nuestro país?

Cuando puse énfasis en las fotografías me di cuenta (junto con otros investigadores) de que la fotografía histórica sólo era utilizada en los libros principalmente para sustentar los textos de los investigadores, y por lo tanto carecía de su esencia fundamental, que era examinarla como documento. En primer término, estaba frente a un documento que podía aportar, si no conocimiento absoluto o nuevo, sí contar algunas facetas desconocidas de
la historia. En algunos casos se podía ver la vida íntima. Hace veinte años, me parecía que descifrar las preguntas que planteaban las fotografías nos situaba frente a un documento hasta entonces prácticamente inexplorado, no sólo en México sino a nivel mundial. Esa era la parte importante: podías revelar cosas nuevas o enfoques diferentes sobre la historia, y eso me atrajo mucho de la fotografía. Queríamos integrar a la fotografía más allá del dicho popular que afirma que “una fotografía dice más que mil palabras”; en realidad, si no sabemos leerla no dice nada. Esa es la tarea a la que nos entregamos.

¿Qué reflexión histórica o cultural del presente le deja su oficio de investigador?

Las imágenes, como ningún otro documento, encierran por sí mismas una verdad de un proceso histórico. Para mí, la fotografía es un documento madre, hay que tomar en cuenta que muchas de las fotografías se tomaron a espaldas de la historia. Mediante la fotografía podemos definir el proceso histórico. Hacer una comparación con la historia actual siempre resulta pertinente, porque si uno piensa en la Revolución Mexicana, por ejemplo, que es un evento cercano, te das cuenta de que los conceptos se repiten. La historia, las imágenes, te deben enseñar quién eres y cómo debes proceder. Esquilo, Eurípides y Shakespeare nos mostraron conceptos que se vivieron en la Revolución y desde la Revolución seguimos viendo experiencias en la política actual como la traición, sedición, el oportunismo, la bajeza: parece que vemos la misma historia de la Revolución Mexicana en muchos sentidos y en tiempo real.

“Las imágenes, como ningún otro documento, encierran por sí mismas una verdad de un proceso histórico. Para mí, la fotografía es un documento madre.

La exposición actual sobre la Constitución, ¿qué aporta a la lectura de la historia?

La búsqueda de un ideal, la Constitución de 1917 es una versión de lo que se hizo en el Museo de la Revolución el año pasado, con la diferencia de que esta exposición abarca otros dos temas y esta vez logramos presentar obras originales. La exposición cuenta con un diálogo entre documentos históricos y obras de artistas contemporáneos, en ella se refleja un periodo histórico de nuestro país pero también, como en otras exhibiciones, se exploran diversos conceptos que coinciden con otras obras, como el dolor, la muerte, la traición, la libertad, la fidelidad, la zozobra, una serie de conceptos presentes en determinadas ocasiones.

¿Por qué elegir la Revolución como un eje de estudio?

Son varios los enfoques. Uno es la Revolución y otro es la frontera norte, donde abordo, por ejemplo, la disputa del agua del Río Colorado entre México y Estados Unidos, o entre las dos Californias en 1916, y tengo un trabajo inconcluso sobre
la frontera de Laredo y Nuevo Laredo. Es una forma de reencontrar mi naturaleza como fronterizo. Al empezar el primer proyecto de investigación fotográfica, y sobre todo histórica, se trató de la revolución maderista. Era inevitable llegar a ella si queríamos hacer un proyecto de la región. Y una vez que me dediqué al este tema también descubrí que es inevitable especializarte, porque es imposible transitar de la Colonia a la época moderna. Debes especializarte para poder responder las preguntas básicas de la fotografía y para que se pueda convertir en un documento histórico: ¿cuándo se tomó?, ¿quién la hizo?, ¿en dónde?, ¿quiénes aparecen en ella?

Un historiador de la fotografía tiene las imágenes físicas, pero ¿qué harán los historiadores del futuro y el mundo digital?

Eso ya es un problema para los que nos dedicamos a la historia y tenemos veinte años en esto. Ya encontramos una diferencia de cuando empezamos a la actualidad. Antes, para saber qué contenía un periódico tenías que acudir a la hemeroteca. Y si tenías algo de dinero o un asistente, tenías que registrar página por página, claro, con alguna información previa, que te da la experiencia. Ahora, muchos periódicos están digitalizados y convertidos a texto. Ahora, si tú gugleas “Zapata”, tienes miles de resultados. Esto no hace que tu investigación sea más rápida, sino que el océano ha crecido y tu forma de navegar tiene que ser mucho más precisa.

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