Mono

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Dejé de escribir, ya no tenía sentido, primero fueron los mentados procesadores de texto con su famosísimo corrector en todas las lenguas posibles; de un día para otro, la ortografía ya no era sinónimo de cultura y de una vida llena de lectura reflejada en la escritura: ya cualquiera veía una palabra subrayada en rojo, sumía unas teclas y ¡zas! revisión ortográfica instantánea sin que nadie supiera de tu ignorancia; luego fue el texto predictivo, el diccionario personalizado, las frases más utilizadas, la frecuencia de los adjetivos, adverbios, palabras usadas y culminó con un software comparativo de textos que en un principio supuso una maravilla para los maestros y un dolor de cabeza para los estudiantes pues sólo se cargaba el documento y el software, lo comparaba con todos los textos en la red buscando alguna similitud. Los plagios, al menos los escolares, fueron la primera víctima de la tecnología. El software, como todos los de última generación acumulaba en la nube, la memoria de las búsquedas más frecuentes y las comparaciones de estilo. La red era la gran llave de los secretos, desde traducciones simultáneas hasta propuestas de construcción gramatical y de contenido “NUY” (Not Used Yet). Era sólo cuestión de tiempo para que utilizáramos nuestro gran don humano innato de buscar siempre, el mínimo esfuerzo requerido y, termináramos dictándole al sistema de reconocimiento de voz que hiciera un ensayo de un tema, comparando textos de ideas confrontadas, coincidencias y se conformara una conclusión de contenido “NUY” basándose en nuestro diccionario de términos y uso de palabras frecuentes y en las que, después de unos cuantos segundos de espera, nos solicitaría aprobación para guardado. Ya no había plagios pero, tampoco aprendizaje alguno, los alumnos se convirtieron en los más felices y los maestros se dieron de golpes contra un pizarrón que, de un tiempo para acá, solo se usaba como pantalla de proyector.

“El dedo del mono”, de Asimov en versión actual, con mayor velocidad de procesamiento, con mayor cantidad de libros en la web para comparar y con una originalidad a toda prueba. Cada vez más, los grandes escritores de nuestra generación le dictaron al software para crear sus obras y le añadieron revisiones, le pusieron nuevos giros, clímax y desenlaces, en otras palabras, nutrieron de creatividad a la nube. Solo fue cuestión de tiempo para que el software empezara a producir obras propias y usando los análisis comparativos de búsqueda por género, edad, contenido, etc… terminó creando betsellers para mujeres, hombres, adolescentes y niños que, por supuesto, luego se convirtieron en películas y series que de un tiempo para acá, eran la única forma de cultura de amplia difusión y si se preguntan por los guionistas, baste decir que guiones pasados y presentes, también estaban en la red así que aplicaba lo mismo más el añadido de que estos nuevos betsellers habían sido creados por el mismo software.

Las noticias hablaron de Inteligencia Artificial pero no existía nada de eso, sólo era procesamiento lógico, comparativo de texto, análisis de autores y escritos de todos los tiempos y el cumplimiento kafkiano de la frase “Lo que puede ser escrito, alguien ya lo escribió”. Las noticias, además, suelen ser subjetivas y la mayoría de escritores de renombre, escritores en proceso y pseudo escritores tienen amigos dentro del círculo periodístico o son parte del mismo así que, soltaron la frustración de sentirse desplazados por lo que ellos llamaron “máquina sin alma ni corazón” cosa que al software en cuestión ni le iba ni le venía pues bien decían, no tenía alma, corazón o razón pero eso sí, una prosa maravillosa y una poesía capaz de quebrar en pedacitos al más duro.

En fin, el punto aquí es que una infinidad de monos sentados frente a máquinas de escribir con infinidad de tiempo, pueden escribir las obras completas de Shakespeare, así que imaginen a un software que tiene al alcance todos los textos escritos y nutrido por nuestros mejores exponentes, a una velocidad de contraste mayor y con una perfecta memoria…

Y si se están preguntando el nombre del software es “Mention Original Notes Only” y para mí, es de una ironía deliciosa pues se conoce popularmente como… MONO.

Por cierto, mi aportación en este texto, fue dictar el título pero, así es como se escribe ahora.

CopyRight MONO Inc. & RSH personal dictionary

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