Morena y los intelectuales

HOY Y MAÑANA EN AMÉRICA DEL NORTE

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En 1934, la prestigiada revista británica New Statesman publicó una entrevista de H.G. Wells a Stalin. Wells no solamente era un brillante novelista de ciencia ficción (La guerra de los mundos, El hombre invisible, La máquina del tiempo) sino uno de los intelectuales fundadores de la Sociedad Fabiana, y autor de importantes reflexiones sobre el socialismo democrático.

A pesar de todas esas cualidades de Wells, la entrevista es una pieza de sumisión y adulación absoluta. Wells se rinde ante el aura de poder del dirigente soviético y no se permite ninguna crítica. Wells no menciona las purgas estalinistas, tampoco las persecuciones a los disidentes. Nunca dice nada de los fracasos económicos en el campo, del culto a la personalidad ni la destrucción de las libertades civiles en Rusia. Ve lo que quiere ver, el inmenso poder y carisma de un “líder de izquierda”. No importa que fuera un monstruoso dictador genocida, todo se justifica porque Stalin defendía “al pueblo”.

La entrevista persiguió a Wells hasta el final de sus días y es uno de los motivos que han contribuido a la descalificación posterior de su obra. No puedo dejar de recordar eso cada vez que leo las encendidas diatribas de muchos analistas políticos e intelectuales mexicanos, en defensa de López Obrador. Numerosos individuos cuya inteligencia solía respetar, están dispuestos a justificarlo todo. El caso más reciente, las injurias de López Obrador contra la Suprema Corte de Justicia.

Dice AMLO que la Suprema Corte no ha hecho nada por el pueblo. Pasmoso y delirante. La Suprema Corte de Justicia no es Sedesol. Su función no es hacer cosas “por el pueblo”, sino emitir sentencias en la impartición de justicia. A pesar de lo anterior, los mexicanos debemos a la Corte grandes contribuciones a la libertad individual, como la confirmación de la garantía de las mujeres al derecho de abortar o la protección contra la discriminación de los homosexuales, para ejercer su derecho al matrimonio. Es decir, grandes conquistas de la izquierda, avaladas por la Suprema Corte. Aunque claro, dada su alianza con el PES, AMLO ya no puede decirse de izquierda.

No sé si las declaraciones de AMLO denotan ignorancia en torno al tema de la división de poderes o desprecio contra las instituciones. Tal vez un poco de ambas. Lo que sí anticipan es que no tendrá empacho en atacar aquellos contrapesos institucionales, capaces de cuestionar su autoridad. A sus seguidores no les interesa. En 1970, durante la campaña presidencial de Luis Echeverría, Carlos Fuentes y Fernando Benítez le dieron su respaldo total con aquella frase: “Echeverría o el fascismo”. Tuvieron toda su vida para arrepentirse. ¿Les pasará lo mismo a quienes hoy defienden a AMLO?