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Foto: Especial

A la edad de 21 años su cuerpo comenzó a quedar paralizado, pero su mente, brillante y atemporal, se empeñó en moverse a través del universo. Ayer, Stephen Hawking murió a los 76 años de edad.

“Estamos profundamente tristes por la muerte de nuestro padre hoy. Era un gran científico y un hombre extraordinario cuyo trabajo y legado vivirá por muchos años”, dijeron sus hijos, Lucy, Robert y Tim a través de un comunicado.

Nacido el 8 de enero de 1942, exactamente 300 años después de la muerte de Galileo Galilei, Hawking era considerado el físco teoríco más importante de los últimos tiempos. Sus hipótesis sobre el origen del universo, la existencia de agujeros negros o la fragilidad del tiempo marcaron un antes y un después en el ámbito científico, sólo comparable al paradigma que dejó el padre de la relatividad, Albert Einstein.

Pero sus méritos no sólo se limitaron al ámbito científico su ímpetu rebasó incluso las condiciones de una enfermedad que amenazó con dejarlo atrapado dentro de su propio cuerpo.

A los 21 años, cuando todo  apuntaba a un futuro brillante en la academia, Hawking fue detectado con esclereosis lateral amiotrófica. La suerte estaba echada pero el destino fue otro: durante 50 años logró lidiar con su sentencia. Un episodio de neumonía en 1985 provocó que  el científico tuviera que respirar a través de un tubo, obligandolo a comunicarse a través de un sintetizador electrónico de voz que le dio su distintivo tono robótico.

Su trabajo científico continúo y a lo largo de su vida publicó 14 libros, de los cuales Historia del tiempo (1988) fue el primero y el más revolucionario.

Sucesor de Isaac Newton como Profesor Lucasiano de Matemáticas en la Universidad de Cambridge, el físico estuvo involucrado en la búsqueda del gran objetivo de la física: la teoría del todo.

Buscaba una sola teoría que pudiera explicar a través de la física todos los fenómenos del universo. Su intención era explicar todos los fenómenos atómicos y subatómicos: reconciliar la teoría de la relatividad con la teoría de la mecánica cuántica.

“Una teoría unificada completa y consistente en sólo el primer paso: nuestra meta es un entendimiento total de los hechos a nuestro alrededor, y de nuestra propia existencia”, escribió en Breve historia del tiempo.

Años de investigación lo llevaron a un momento de incredulidad en el que pensó que quizá era imposible explicar el origen-destino del universo.

Su labor más grande tal vez consitió en tratar de acercar a la gente común a teorías que parecían escritas en pictogramas alienígenas. Su aparición en series, conferencias y su participación en misiones imposibles le granjearon la simpatía de la comunidad científica, de las personas en  general y tras su muerte queda la primera y última pregunta de toda su carrera: “¿Por qué existe el universo?”.

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