Acorralado por los rusos, asi fue el suicidio de Hitler

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Acorralado por el Ejército Rojo y mientras afuera de su habitación se hacía un gran festín porque. al fin soldados y mujeres resguardados en la Cancillería del Reich serían libres, así se suicido Adolf Hitler, el dirigente de la Alemania Nazi.

El 30 de abril de 1945 los soldados rusos dispararon al interior del Reichstag, fue cuando el Führer, de 56 años, confesó al jefe de la Cancillería, Martin Bormann, que planeaba suicidarse junto con su esposa Eva Braun, ya que no quería ser exhibido como en su momento pasó con Benito Mussolini.

Desde las 5:00 horas, Hitler despertó en medio de bombardeos y a las 6:00 horas el pronóstico que le daban era devastador: faltaban municiones, cohetes anticarro... sólo podrían resistir un día.

Mientras el Ejército Rojo se acercaba a su guarida, el Führer hizo su última comida en la llamada Sala de los mapas, acompañado de sus dos secretarias y su cocinera personal; su esposa no tenía hambre y se quedó en la habitación. Fue un menú sencillo: espaguetis y una ensalada con aliño.

Aunque Joseph Goebbels trató de disuadirlo de huir, Hitler ya había tomado una decisión: no terminar en manos de los rusos ni vivo ni muerto, por lo que el suicidio era inevitable.

Para esa ocasión “especial” todo fue previamente preparado: él vistió una chaqueta de uniforme con la Cruz de Hierro, pantalones, guantes y calcetines negros. Su esposa un vestido azul oscuro con rosas en el cuello, y se arregló el cabello.

Ambos aguardaban en su habitación —custodiados por el oficial Otto Günsche—para el momento final. Afuera, había un gran festín, los soldados bebían, cantaban y tenían sexo con las secretarias y refugiadas.

La muerte del líder del régimen nazi significaba para ellos su libertad. El frenesí fue tanto que en la cantina sonaba “Tipperary” y “The Lambeth Wal”, que Hitler detestaba.

Fue a las 15:30 horas cuando se escuchó un balazo. El Führer se había suicidado de un tiro en la cabeza con una pistola Walther PPK de 7.65 mm; su esposa tomó una pastilla de cianuro.

Los cuerpos de Hitler y Eva estaban sobre un sofá, él sentado del lado izquierdo, exhibiendo una mueca deformada en su boca. Ella, tendida a lo largo del diván con los ojos abiertos.

Su última voluntad fue que lo incineraran y así fue. Envolvieron los cuerpos con sábanas y los trasladaron al jardín de la Cancillería, el de Hitler lo llevaron Linge y Otto Günshe; y el de Eva, Martin Bormann y Erick Kempka.

Los restos fueron rociados con 200 litros de gasolina de los automóviles que aún se hallaban en los sótanos de la Cancillería. Ante la presencia de Goebbels y otros dignatarios fueron incendiados. En cenizas se redujo el cancille por quien pesaron las muertes de guerra.

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