Breivik estaba deprimido y antisocial, antes de la matanza en Noruega

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Anders Behring Breivik.- Foto: AP

Londres.- Amigos de Anders Behring Breivik, autor confeso de la masacre de julio pasado en Noruega, afirmaron hoy ante el Tribunal de Oslo que antes de los ataque el ultraderechista se mostró serio, deprimido, antisocial y obsesionado por los migrantes.

El juicio contra Breivik por el atentado de Oslo y la matanza en la isla de Utoya que dejaron 77 muerto se reanudó este martes con el testimonio de los cuatro mejores amigos del acusado, según un reporte de la edición electrónica del diario Dagblenet.

El primero en testificar fue su mejor amigo de infancia, un bombero que ayudó a la Policía en las negociaciones previas a su captura, quien afirmó que Breivik siempre fue una persona normal, amigable y respetuoso, aunque recordó que notó un cambio en los últimos años.

El testigo, cuya identidad no se ha revelado, recordó que Breivik cortó todas sus relaciones de amistad años antes de los ataques, que no salía a las fiestas, se volvió serio y que en ocasiones estaba como deprimido.

“Se convirtió en el más serio, menos social había perdido la ‘chispa’ de la vida", destacó el testigo ante a la Corte que juzga al ultraderechista, quien de ser hallado culpable podría ser sentenciado hasta 21 años de prisión.

Otro ex amigo dijo a la Corte, que conoció Breivik en secundaria y que lo que más recordaba de él es que siembre estaba muy preocupado por su aspecto, que usaba maquillaje, era metrosexual e incluso se operó la nariz por vanidad en 1999.

"Creo que dijo algo de que quería tener una nariz más aria", destacó el testigo en referencia al termino usado por los Nazis sobre un individuo perteneciente a un pueblo de estirpe nórdica que consideraba superior y destinado a dominar el mundo.

El testigo coincidió en que unos tres o cuatros años antes los atentados, Breivik se aislo de la mayoría del grupo de amigos comunes y que incluso llegó a pensar que se habría descubierto homosexual y que esa era la razón por la que se había aislado de todos.

Recordó que después de 2006 era imposible hablar con él porque estaba obsesionado con los migrantes y habla en todo momento de política, “comenzó a llamar a todos los políticos noruegos ‘multiculturalistas’", destacó.

El ex amigo de Breivik, con quien compartió por un tiempo su departamento, aseguró que el ultranacionalista cambió de actitud cuando se mudó con su madre, quien siempre lo negaba e incluso en su cumpleaños le había dicho que su hijo no tenía tiempo para verlos.

Los otros dos testimonios de los amigos fueron similares, en el sentido de que Breivik cambió mucho en los últimos años, que no iba a las fiestas, que se ausentaba largo tiempo y que se mostraba serio o incluso deprimido.

Desde el inició del juicio en abril pasado, el ultraderechsita ha declarado su responsable de los actos, aunque afirma que actuó en una situación de “necesidad” en defensa de su país, lo que ha llevado a pensar que está mal de sus facultades mentales.

Un primer estudio al que fue sometido Breivik determinó que era un enfermo mental que se encontraba en estado psicótico cuando cometió los atentados, por lo que o podría recibir una condenado de prisión, sino que debía recibir tratamiento en un hospital psiquiátrico.

Sin embargo, un segundo informe realizado por otro equipo de psiquiatras concluyó que pese a padecer problemas psíquicos, Breivik no se encontraba en estado psicótico y que por lo tanto debe ser considerado penalmente responsable.