Erdogan busca en Rusia el apoyo que le niega UE

Erdogan busca en Rusia el apoyo que le niega UE
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El 24 de noviembre de 2015 el presidente Vladimir Putin se refería a su homólogo turco como traidor y lo acusaba de ser cómplice del terrorismo. El derribamiento de un caza ruso por parte de Turquía catalogado por el Krelim como “una puñalada en la espalda” fue el detonante para que las relaciones entre Moscú y Ankara se congelaran y se prohibieran las importaciones de vegetales turcos, restringiera el acceso de turistas rusos a Turquía e impidiera el funcionamiento de compañías turcas en Rusia.

“Por lo visto, Alá decidió castigar a la camarilla dirigente en Turquía privándola de la razón y el juicio”, llegó a decir Putin para expresar su incomprensión por el incidente en el perecieron dos militares rusos, uno de los dos pilotos, que se catapultaron, y un miembro del equipo de rescate.

El lenguaje de Putin para referirse a Recep Tayyip Erdogan dio un giro de 180 grados. En una reunión en San Petersburgo, el jefe del Estado ruso calificó aquel hecho como “tragedia”, mientras su interlocutor, el presidente de Turquía de forma más neutral y vaga, lo describía como “lo sucedido”.

En su primer viaje al exterior desde el fallido intento de golpe de Estado, el presidente turco agradeció a Putin por invitarlo a una visita orientada a reparar las relaciones entre los dos países.

Los presidentes lucieron acartonados, si se comparan las fotos de esta primera reunión en más de ocho meses con las de otras citas anteriores, en las que ambos aparecían sonrientes. Ahora hubo apretón de manos, pero nada sonrisas ni efusiones.

A Putin le interesa reparar las relaciones con Turquía a fin de resucitar proyectos económicos como la construcción de un oleoducto hacia Turquía, y para poder ampliar la influencia rusa en Siria.