Hiroshima 7 paises frenan pactos de paz

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A 70 años del lanzamiento de la bomba atómica sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, la amenaza nuclear sigue vigente, potencias mundiales debaten acuerdos para frenar la producción de uranio y está pendiente que siete países se adhieran a los tratados internacionales de seguridad.

“La amenaza del terrorismo nuclear sigue siendo real”, alertó Yukiya Amano , el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

En abril y mayo pasado, fue discutida la Conferencia de las Partes del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares, en Naciones Unidas.

En la lista de países no firmantes del Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares, se encuentran Israel, Pakistán India, Corea del Norte, Sudán, Sudáfica y Cuba. Mientras que en Sudamérica, Brasil, Argentina y Chile firmaron pero no ratificaron el convenio, de acuerdo con el OIEA.

“El problema es que con la posesión de armas nucleares de las armas potencias se ha dispersado el poder nuclear de varios países. Eso es un problema por que genera la posibilidad de que haya pequeñas guerras nucleares en algunas partes de Asia y Medio Oriente”, dijo a La Razón Raúl Benítez-Manaut, investigador del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM.

La India, Pakistán e Israel cuentan con armas nucleares pese a que no lo han reconocido.

“Si sigue siendo una amenaza vigente la amenaza de guerra de armas nucleares. Cada vez la tecnología para construir armas de este tipo es cada vez más popular. Es más la existencia de científicos que conocen el tema nuclear se amplia, cualquier país si se lo propone puede construir una bomba”, agregó el experto vía telefónica.

En febrero de 2013, Corea del Norte realizó una tercera prueba nuclear, con lo que desafió las advertencias de la comunidad internacional, las

resoluciones de Naciones Unidas y la oposición de China, su principal aliado en el mundo. Eso provocó un terremoto de 4.9 grados en la escala de Richter.

La prueba se llevó a cabo en la comunidad de Punggyer-ri, donde fueron las anteriores, en 2006 y 2009, respectivamente, y fue la primera desde que Kim Jong-un sucedió a su padre al frente del país.

En el mismo escenario, se encuentra Rusia, quien practicó ensayos nucleares en septiembre del año pasado. Exitosamente, probó un misil capaz de provocar un impacto de hasta 100 veces la explosión atómica que arrasó con Hiroshima.

Las fuerzas armadas incrementaron sus entrenamientos militares y simulacros desde el inicio del conflicto en el este de Ucrania, en 2014.

Las potencias mundiales tienen derecho a construir armas, el resto del mundo no puede, pero las construye, con el argumento de que la prohibición es injusta (tal es el caso de Israel, India, Irán y Pakistán).

Las armas nucleares estratégicas tienen que ver con el cohete que las transporta, quiere decir que puede darle la vuelta al mundo. Es decir, la efectividad de un armamento depende de la distancia que puede alcanzar, añadió el académico.

En mayo, el Estado Islámico anunció que podría comprar armas nucleares de Pakistán en 2016, según un artículo presuntamente escrito por el periodista británico John Cantlie, que lleva secuestrado por el grupo terrorista más de dos años.

Para Benítez Manaut, la historia de la seguridad internacional se transformó con las explosiones atómicas de 1945, porque marcó la supremacía de Estados Unidos y de un arma superior a las convencionales, pues en ese momento sólo Washington poseía la bomba, luego, en 1949 la URSS, después Inglaterra y luego China.

Nombró el avión en honor a su mamá

La noche del 5 de agosto de 1945, el piloto Paul Tibbets pensó en su mamá. Al día siguiente lanzaría la bomba atómica contra Hiroshima, provocando la muerte de 140 mil personas.

En una base militar sobre una isla del Pacífico, pidió que pintaran las palabras ‘Elona Gay’ con tinta negra en la parte delantera del avión, es el nombre y apellido de su madre.

Este rito identificó para siempre a una mujer con la hecatombe nuclear.

Tibbets falleció en 2007, 62 años de haber sido designado para lanzar el explosivo de uranio que aniquiló la tercera parte de la ciudad ubicada al suroeste japonés.

“Yo acepté la misión de Hiroshima porque mis superiores me lo ordenaron. Pero debo agregar que no fue algo que hice en contra de mis convicciones. Estuve, estoy y estaré siempre de acuerdo en que en aquel contexto histórico fue una decisión acertada”, declaró a la revista argentina La Nación, en 1988, en la Executive Aviation, una empresa de alquiler de jets privados, luego de gozar una carrera como uno de los héroes más condecorados de la Segunda Guerra Mundial.

“Fueron humanos los que mataron a otros humanos”

Bun Hashizume tenía 14 años cuando el 90 por ciento de Hiroshima quedó devastada por la bomba atómica el 6 de agosto de 1945. Trabajaba en el Ministerio de Comunicaciones, para sustituir a los hombres adultos que estaban en combate, ella había dejado la escuela.

En el tercer piso del edificio, de pronto vio una luz muy radiante, y perdió la conciencia, después despertó con la cabeza herida, lejos de donde estaba antes de la ráfaga de las 8:15 horas.

Ahora, es poeta, tiene tres hijos y tres nietos, a quienes les ha contado que fue testigo de la masacre que mató a 140 mil de las 350 mil personas que ahí vivían.

“No odio a los que arrojaron la bomba, pero nunca olvidaré que fueron humanos los que lanzaron la bomba contra otros humanos”, dijo a BBC la mujer de 84 años de edad. Hashizume vivía cerca de Hiroshima con su familia, en una casa sobre el mar, le gustaba recoger flores y caminar.

“La mañana de la bomba fue como cualquiera. Como tantos hombres jóvenes estaban luchando en la guerra, necesitaban gente joven para hacer sus tareas, por eso niños como yo debían dejar la escuela para trabajar”, compartió la autora de Tenía 14 años en Hiroshima.

La mujer estaba de pie junto a una ventana del tercer piso cuando vio un destello, se ubicaba a un kilómetro del centro de la explosión. Fue el momento en el que explotó la primera bomba atómica lanzada por parte del ejército de Estados Unidos.

No recordó cómo logró ponerse de pie, pero siete décadas después tiene en la mente a una mujer que la ayudó a llegar caminando hasta el hospital.

Antes de la tragedia en la ciudad del suroeste de Japón, Hashizume le dijo a su amigo Hitoshi que se convertiría en poeta; años después se dedicó a la lírica y a la autobiografía. Sus textos han sido traducidos a idiomas como inglés y francés.

No obstante, toda su vida padeció las secuelas de la radiación: vive desde entonces con dolores de cabeza y fatiga extrema.

Hashizume Fumiko es su nombre real, Bun es un pseudónimo que utiliza para firmar sus textos. Ella es una hibakusha, voz japonesa para nombrar, y reconocer, a quienes sobrevivieron el bombardeo.