Jueves 13.08.2020 - 20:41

La ultima gran batalla tras cinco anos de conflicto

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Alrededor de 45 mil alemanes muertos, cien mil mujeres violadas por el Ejército Rojo y una ciudad hecha ruinas, con este saldo se rindieron los alemanes en Berlín, la última gran batalla —de 12 días—de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque había pocos alemanes dispuestos a luchar sin ninguna posibilidad de triunfo, desde las seis de la mañana a través de una carta el director adjunto del ministerio Hans Fritsche solicitó formalmente al teniente general del Ejército Rojo, Vasili Chuikov, tomar la ciudad bajo su protección.

Casi tres horas después de la rendición, los soldados fueron informados por radio, y en diversos puntos se solicitó ondear la bandera blanca.

Sin duda el gran premio de los rusos era llegar a la Cancillería y hallar el cuerpo del Adolfo Hitler para mostrárselo a Stalin, para ser condecorados con la estrella de oro de los Héroes de la Unión Soviética.

Varios equipos de exploración llegaron a la guarida de Hitler en busca de sus restos y comprobar así que fue incinerado como lo anunciaron los alemanes. Sellaron el jardín y el búnker para impedir la entrada de toda persona no autorizada.

Entre cadáveres mutilados y entre escombros realizaron la búsqueda sin éxito, no había ninguna señal que comprobara la muerte del Führer: interrogaron a los sobrevivientes, analizaron con equipo especializado cada uno de los retales de tela y fragmentos óseos.

Un misterio que 70 años después del suicidio de Adolfo Hitler tampoco se ha revelado y diversas teorías pesan sobre él: que no se suicidó, que huyó disfrazado de religioso o que se ocultó en la Antártida.

Lo único que comprobó la comisión encargada de hallar pruebas de la muerte del máximo líder de Alemania, fue el suicidio del ministro para la Ilustración Pública y Propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels, y de su esposa. Además del asesinato de sus seis hijos.

Para los rusos era un día de fiesta, la bandera roja ondeaba sobre toda la ciudad y ellos bebían cerveza, en la capital del Tercer Riech. Era el preámbulo del fin de la Segunda Guerra Mundial, tras la rendición de toda Alemania.

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