Domingo 20.09.2020 - 19:05

“Le pido a quien sea que nos traiga lo que sea”

“Le pido a quien sea que nos traiga lo que sea”
Por:

Redacción/La Razón

A un kilómetro del aeropuerto de Puerto Príncipe, donde un enorme operativo de asistencia internacional se está organizando, 85 ancianos yacen a la intemperie. No tienen agua, comida, ni medicamentos.

La Residencia de Ancianos Municipal de Puerto Príncipe se desplomó el martes, seis de sus residentes murieron en el sismo y ahora quedan 25 hombres y 60 mujeres acampando afuera de su antiguo hogar.

No cuentan con más cuidados que un ocasional baño provisto por los dos empleados que se quedaron a ayudarlos. Algunos se acuestan sobre los colchones, otros no tienen dónde.

La situación caótica se agudiza y los ancianos desvalidos ruegan por ayuda. Una anciana se arrastra por la tierra y llora porque quiere sus medicamentos. Un hombre viejo yace inmóvil mientras las ratas hurgan en su pañal, que se desborda.

“Ayúdennos, ayúdennos”, rogaba el domingo Mari-Ange Levee, de 69 años, tirada en el suelo con costillas y una pierna fracturadas. Un enjambre de moscas zumbaba sobre otra fractura, abierta, en su cabeza.

Un hombre ya murió tras sobrevivir al sismo y el administrador, Jean Emmanuel, dice que si la ayuda no llega de inmediato otros también fallecerán.

“Le pido a quien sea que nos traiga lo que sea o si no otros no vivirán hasta esta noche”, dijo y señaló a cinco hombres y mujeres que respiraban con dificultad, una señal de que estaban agonizando.

Joseph Julien, el hombre que murió, era un enfermo de diabetes que tenía 70 años, a quien sacaron del asilo parcialmente colapsado pero murió de hambre el jueves.

Su cuerpo se descompone sobre un colchón, pero casi no se distingue de los que yacen a su alrededor, vivos.

Madeleine Dautriche, de 75 años, dijo que algunos de los ancianos habían juntado dinero para comprar tres paquetes de fideos, que compartieron entre todos el jueves, la última vez que comieron. Como no había agua potable, algunos prefirieron no alimentarse porque la comida se cocinó con agua de la alcantarilla.

Muchos de los ancianos llevan pañales que no han sido cambiados desde el día del sismo y las ratas comienzan a colocarse alrededor por el olor que despiden los hombres y mujeres, a la espera de que llegue la ayuda.

El suministro de víveres sigue obstruido por los congestionamientos en el aeropuerto de Puerto Príncipe, que no se da abasto; los daños dejados por el sismo en el puerto marítimo, las ruinosas carreteras y el temor a saqueadores y asaltantes.

fdm