Viernes 25.09.2020 - 08:20

“No enciendas la luz”, fue lo ultimo que dijo el terrorista

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Fotos AP

El reloj marcaba las cuatro de la tarde del 1 de mayo de 2011 en Washington —la 01:00 del día siguiente en Pakistán— cuando el presidente Barack Obama y su gente de confianza convertía su sala de reuniones en un cuarto de guerra.

Rodeados de monitores y computadoras, al menos 14 personas, incluido a Obama y Hillary Clinton, seguían con atención los movimientos de 23 SEAL (la fuerza especial de la Marina), cuya misión, decodificada como “Geronimo”, conocían muy pocos: capturar al enemigo más odiado y buscado por Estados Unidos: Osama bin Laden, el líder de la organización terrorista de Al Qaeda, responsable de los atentados del 11-S.

Dos horas antes despegaron de Jalalabad, cerca de la frontera entre Afganistán y Pakistán, dos helicópteros Black Hawk, los cuales iniciaban un trayecto de 90 minutos hacia Abbottabad, a 150 kilómetros de Islamabad, Paquistán.

Ahí, de acuerdo con la CIA, que dirigía Leon Panetta, estaba su objetivo.

“Hubo un largo momento de silencio cuando entraron en la casa”, recuerda Panetta. Y es que los SEAL tardaron casi 25 minutos en llegar al tercer piso.

“No enciendas la luz”, dijo a unas de sus esposas Bin Laden, quien ya suponía que algo raro pasaba en su casa.

Dos de sus tres mujeres intentaron protegerlo antes de que el líder terrorista fuera abatido de un disparo en el pecho y otro en la cabeza, recoge el diario ABC.

“Gerónimo E.K.I.A. (acrónimo de enemigo muerto en acción, por sus siglas en inglés), escucharon en la Casa Blanca, donde no hubo gritos de alegría, pues Obama no estuvo tranquilo hasta que el helicóptero aterrizó en Jalalabad a las tres de la madrugada. A las 21:30 horas del 1 de mayo comenzaron los rumores. Centenares de neoyorquinos comenzaron a celebraban su muerte en la Zona Cero. Cuando Obama lo confirmó, a las 22:45, el revuelo ya era mundial.

¿Cómo era un día en su vida? Amal Ahmed Al Sadah, su esposa más joven, ha revelado algunos de los datalles de la vida del líder de Al Qaeda.

Sólo tenía una computadora personal en la que grababa los videomensajes que difundía por Internet.

Era obsesivo, pues grababa varias veces sus discursos, hasta que le complacían del todo.

Era amante de la radio y “fanático de la BBC inglesa” y también le gustaba tomar Coca Cola y la Pepsi Cola.

Gran parte del día se pasaba preocupabo por su imagen, de hecho se teñía las canas.

No tenía teléfono ni conexión a Internet, por motivos de seguridad.

En total 28 personas, entre ellas más de una decena de menores, vivían en el complejo rodeado por altos muros del que sólo salían dos empleados paquistaníes, que hacían las labores de mensajeros y se encargaban de las compras domésticas.

Los conocían como los hermanos Khan, Archad y Tariq. Ambos murieron en la operación “Geronimo”.

Los vecinos de la zona afirman que los Khan nunca abrían las puertas de la casa. Si a los niños que jugaban pelota se les iba al interior, no se les devolvía, les pagaban cincuenta rupias para que se compraran otra.

Por supuesto los menores de la casa tenían prohibida cualquier relación con el mundo exterior.