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Alex Syntek (Foto: Cuartoscuro)

Hace unos meses Aleks Syntek protagonizó una polémica en las “reses” sociales al declarar en una entrevista que el reguetón era música para orangutanes. De la noche a la mañana se convirtió en TT en Twitter. Lo primero que pensé fue: qué cuate más inteligente. Con una sola frase regresó del ostracismo en el que se ha instalado su carrera desde el éxito que tuviera con “Sexo, pudor y lágrimas”. Su asesor de imagen es un genio. Un regreso así no lo han tenido ni los Timbiriche con tanta gira. Pero lo que consideré un movimiento de marketing maestro se desdibujó en los siguientes minutos. El Sr. Syntek no estaba manejando a las masas con malicia, estaba siendo él mismo. Conforme fuera confrontado en Twitter se empantanó más y más y no pocos pidieron que le retiraran el teclado de la computadora, la licencia de manejo y hasta que lo desterraran del país.

El insulto fue recibido como las últimas opiniones de Vargas Llosa. Quizá Syntek pensó que al mostrarse tan incendiario se haría acreedor también a un Nobel. Pero lo que ocurrió fue que la cándida imagen que todos preservamos en la mente, la de aquel gordito disfrazado de Bruto en Chiquilladas, fuera suplantada por la de un intolerante y racista. No hay duda de que el reguetón no es una experiencia intelectual, pero la manera tan despectiva de Syntek de referirse a los fans del género despertó la indignación con más furia que cualquier político. La oportunidad de un regreso se fue a la basura en menos de lo que se escribe un single.

El reguetón no es una experiencia intelectual, pero la manera tan despectiva de Syntek de referirse a los fans del género despertó indignación.

 

Pero la bronca no terminó ahí. Hace unas semanitas, uno de esos fanáticos del oprobio lanzó una provocación. Consultó en Twitter cuál música, la de Syntek o la de Ubago, era más de Godínez. La mente detrás del dam diram dirum dam respondió con ofuscación. Y aunque la discusión era otra, Syntek no tardó en arremeter otra vez con la que es la pasión de sus últimos días: el reguetón. Sin decir agua va, soltó una de esas joyas que sólo pueden salir de su cabeza. “El reguetón es música para delincuentes”, categorizó. Wow, wow, wow. La profundidad a todo lo que da. Lo que estábamos esperando, que se nos descubriera el hilo negro. Pero lo que quedó al descubierto fue que el Sr. Syntek está más desfasado que el Nobel peruano.

Aleks podrá haber trabajado con el mismísimo Ray Manzarek, pero parece que de historia musical no sabe nada. Por sólo citar un ejemplo, música de delincuentes la de N.W.A. ¿Pero Maluma? Bueno, hasta Pete la Anguila tiene más pinta de malandro. Honestamente, si me topara con Luis Fonsi en un callejón sin salida, creo que él tendría más miedo de mí que yo de él. Criminal Babo de El Cartel de Santa. La industria siempre ha tenido sus joyas. A nivel nacional como internacional. Desde un Phil Spector que viajaba con un revólver en la cintura, hasta Biggie o Tupac, que se abatieron. Pero afirmar que el reguetón es música de delincuentes amerita jugar la carta del meme que reza: “Ya siéntese señor (a)”.

Brillante, como nos tiene acostumbrados, Syntek luego arguyó qué pensaría Coldplay si le dijeras que su música es para Godínez. Y pues en honor a la verdad, no hay duda de que si el día de mañana se hiciera una encuesta sobre qué bandas son música para oficina, Coldplay ocuparía un lugar en el top ten. Pero a diferencia de Syntek, Chris Martin se sentiría orgulloso de que sus discos sean parte de la canasta básica del godinato. Es decir, tras aquel descalabro que sufrieron cuando Bowie se rehusó a grabar un tema con ellos, lo que caiga es bueno. Y recordemos que el imperio del godinato es grande como la avenida Insurgentes.

“Con qué música crees que alguien se envalentonaría para ir a secuestrarte o violar auna [sic] persona: Emmanuel, Syntek o Farruco o bad bunny [doble sic]. El problema de ahora es que es música de delincuentes, piénsalo!”, desmenuzó el ex líder de la Gente Normal. ¿Y el narcocorrido, el movimiento alterado? El Sr. Syntek desconoce que mucho antes del reguetón, desde los tiempos de Chalino Sánchez, un sector de la música le canta al mal y participa de su influjo. Y pues Charles Manson no necesitó ni de Los Tucanes de Tijuana ni de Farruco, con los Beatles tuvo para ultimar a Sharon Tate. El despiste de don Syntek no conoce límites. Pero su razonamiento apunta a que terminará sus días como ese otrora prócer del reguetón devenido sacerdote: el general. Quizá ese es el destino de Syntek: convertirse en un padrecito de la industria musical. C

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