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Extracción de petróleo . Foto: Especial
Extracción de petróleo. Foto: Especial

Luego de que el Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, manifestara en Tabasco que “en el mediano plazo”, México dejará de vender crudo al extranjero para privilegiar el consumo interno, la calificadora Moody’s afirmó que esa decisión tendría implicaciones negativas para Petróleos Mexicanos (Pemex) y para la calidad crediticia del propio gobierno.

De acuerdo con un reporte de Moody’s, de dejarse de vender petróleo al extranjero, Pemex quedaría expuesta a mayor volatilidad de tipo de cambio, ya que sus ingresos por la venta de gasolinas serían en pesos mexicanos, además de que 87 por ciento de su deuda (de 104 mil millones de dólares a junio de 2018), está denominada en dólares estadounidenses y otras monedas duras, con un 83 por ciento.

Concretamente, las no exportaciones privarían al gobierno de casi el dos por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en ingresos no percibidos, lo que obligaría a aumentar los impuestos o abandonar su compromiso fiscal.

Gráfico: La Razón de México

“Este nuevo plan también pudiera forzar a Pemex a importar crudo, situación que sumaría todavía más a los riesgos cambiarios y de flujo de efectivo”.

La calidad crediticia de la petrolera se debilitaría, dependiendo de cuánto crudo necesitara importar para alimentar su capacidad de refinación, es decir, el riesgo que Pemex registre un menor flujo de efectivo operativo, en los próximos tres años, es aún mayor si se considera la tendencia al alza de los precios del crudo y la intención de no aumentar la gasolina.

Asimismo, la nueva política podría obligar a la empresa productiva del Estado a importar crudo, que se sumaría a su flujo de caja y riesgo cambiario. 

Para la calificadora, Pemex será el vehículo a través del cual el gobierno ejecutará sus planes para la energía.

No obstante, el presupuesto de Pemex para 2019 aún necesita la aprobación del Congreso, por lo que en los próximos 12 a 18 meses habrá un flujo de caja de la compañía suficiente, es decir, la generación será sólida y no debería agregar más deuda a su balance. 

Pero a medida que su modelo de negocio evoluciona, el modelo independiente de Pemex se deterioraría.

En palabras del Presidente electo, “ya no se va a vender, en el mediano plazo, petróleo crudo al extranjero; queremos procesar toda nuestra materia prima. Vamos a extraer sólo lo que se necesita para nuestro consumo interno”, y detalló que cuando se aprobó la Reforma Energética, se pronosticó en ese momento que para 2018 se iban a producir tres millones de barriles diarios, “pero en realidad se producen un millón 800 mil”.

De acuerdo con los planes del gobierno entrante, la construcción de la nueva refinería tendría una capacidad de 600 mil barriles por día (bpd). Asimismo, el sistema de refinería existente en el país tiene una capacidad agregada de un millón 627 mil bpd, el cual operaría a plena capacidad en tres años después de inversiones de capital de 2.5 mil millones de dólares. 

Para la calificadora Moody’s, si las inversiones en refinación se ejecutan según lo planeado y a tiempo, lo cual considera improbable debido al tamaño y complejidad de los proyectos, Pemex a fines de 2021 se convertiría en un importador neto de más de 400 mil bpd de crudo, en el mejor escenario de producción de crudo que permanece estable.

  • El Dato: La nueva política podría obligar a Pemex importar crudo, lo que se sumaría a su flujo de caja y riesgo cambiario, lo que tambien impactaría en su calificación crediticia.
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