• Tamaño de fuente: A  A  A  A  
Foto: IMDB
Foto: IMDB

El 21 de julio de 1982 asistí a un concierto de Nico, en el Old Waldorf, de San Francisco. Esperaba ver a la deslumbrante modelo germana que apareció brevemente en La Dolce Vita, de Fellini, a la superestrella de Andy Warhol, a la prodigiosa y melancólica vocalista de Velvet Underground. En vez de eso salió al escenario una mujer desgarbada, solemne, con sobrepeso, un cigarrillo, aspecto descuidado y poco interés de interactuar con el público. No hizo un recorrido de grandes éxitos de los sesenta como “These Days” o “All Tomorrow’s Parties”, ni siquiera incluyó un encore de “Femme Fatale”. En lugar de eso, Nico se sentó frente a un harmonio y tocó canciones en un tono lúgubre y descarnado. No había nada pop en aquel set de piezas serias y complejas. Asombrado, pasé de la decepción a un inquietante trance y de ahí a una profunda admiración que derivó en obsesión. Supongo que mi sorpresa y reacción inicial era bastante común para los que crecimos escuchando a Christa Päffgen, la actriz, cantante y compositora que saltó a la fama como Nico. Era
difícil borrar la imagen de su belleza espectacular, con rasgos afilados y una serie de romances repletos de glamur y escándalo (Alain Delon es el padre de su único hijo, Ari), que fue emblemática de la década de los sesenta.

Convencida de que la parte más fascinante de la vida de Nico cubre precisamente esos años en que se volvió una ríspida figura de culto y dejó de ser una diva, la cineasta Susanna Nicchiarelli realizó Nico 1988 (2017), una biopic que trata de rescatar los días póstumos a la fama y la gloria de Päffgen: de 1986 a su muerte en 1988, un periodo atormentado pero a su manera luminoso, en donde Christa, al borde del olvido, reniega de la celebridad que le dio su breve paso por Velvet Underground y sus años del jet set. “He estado en la cumbre y en el fondo, ambos lugares están vacíos”.

A los 45 años, Nico aseguraba la satisfacción de haber perdido su belleza, ya que así no sería recordada por eso sino por su trabajo. En una entrevista de radio afirmó: “Soy muy selectiva al respecto de mi audiencia. No quiero gustarle a todo el mundo, no me importa”. La cantante le pide al conductor de radio que no la llame “la musa de Lou Reed” y más adelante le señala que su nombre no es Nico. La relación entre Christa y Nico es atormentada y compleja; si bien la primera le debe su fama a la segunda, también la condena a no apoderarse de su verdadero legado y la obliga a ser un icono decadente de una era de excesos y vanidad.

“Los números musicales son todos notables, pero el concierto en una escuela checoslovaca, ante la inminente amenaza de arresto de las autoridades, es un prodigio

Nicchiarelli describe de manera formidable este tiempo de intensa adicción a la heroína, eventuales desplantes racistas y remordimiento, en el que Nico se embarca a regañadientes en un modesto tour, al lado de su agente británico, Richard (John Gordon Sinclair) y una banda improvisada, que comienza en Manchester, pasa por Italia (con tocadas en plazas y en deprimentes bares de hotel) y luego se aventura del otro lado de la Cortina de Hierro, a tocar casi clandestinamente en Praga y Polonia. Estamos ante una road movie con una carga existencial e íntima que entra en colisión con la geopolítica de finales de la guerra fría y la decadencia del rock. Son inevitables los deslices por lugares comunes de la mitología y pasión autodestructiva rockera, pero hay una visión antisentimental que se esmera en mostrar las contradicciones y la humanidad de quien fuera la sacerdotisa primigenia del rock gótico. La directora trata de revelar la vitalidad creativa que se oculta bajo la pesada coraza de hostilidad, desencanto y desdén de la compositora. Nico era una mujer brutalmente directa, irascible e intolerante con la mediocridad, que sin embargo se desmorona por las culpas que arrastra.

La directora de fotografía, Crystel Fournier, hace un trabajo notable para mostrar la escena post punk europea. Pero el principal acierto del filme es el casting de la cantante y actriz danesa Trine Dyrholm en el papel de Nico, quien además de interpretar de manera sobrecogedora y electrizante a una junkie agotada, memoriosa, desagradable e intelectualmente feroz, canta sus propias versiones del repertorio de Nico, así como piezas afines a ese estilo del grupo Gatto Ciliegia contro il Grande Freddo. Los números musicales son todos notables, pero el concierto en una escuela checoslovaca, ante la inminente amenaza de arresto de las autoridades, es un prodigio. Ahí Nico-Trine se sobrepone de su síndrome de abstinencia (la escena en que grita exigiendo drogas en un restaurante de Praga es poderosísima) y logra cantar “My Heart is Empty”, sin heroína pero con una pasión y fortaleza sin precedente. Es difícil saber si la auténtica Nico lo entregó todo en un arrebato de furia rockera como hace Trine, sin embargo esa imagen se convierte en un símbolo de la pasión y vitalidad efervescente de sus años tardíos.

La cinta comienza justo antes del fatídico paseo en bicicleta, en un día caluroso en Ibiza, en el cual Nico tuvo un infarto, cayó y se golpeó la cabeza provocándose un derrame cerebral que no fue detectado y del cual murió esa misma noche. Poco antes de morir, Nico había entrado a un programa de metadona para dejar la heroína y estaba viviendo con Ari (Sandor Funtek). A diferencia de los testimonios y el documental Nico Icon (Susanne Ofteringer, 1995), aquí hay un esfuerzo por mostrar junto con su tendencia autodestructiva y su angustia, un deseo de redención y un esfuerzo por recuperar lo perdido. Pero más que nada la cinta de Nicchiarelli rompe con la noción misógina de que con los años Nico se había vuelto una vieja arpía acabada.

Christa se pasea con una grabadora capturando ruido a su paso, en busca de “el sonido de Berlín siendo bombardeada, de la guerra acabando, de la ciudad ardiendo […] un sonido que no era realmente un sonido, era muchas cosas y era el estruendo de la derrota”. Nico pudo convertir el horror y la depravación de las víctimas y los victimarios en una obra portentosa y sublime. Podríamos explicar su fracaso como madre, su desconsuelo crónico, su actitud suicida y su frialdad con esa primera memoria, con la imagen traumática de la destrucción de la ciudad. Probablemente cuando se ha comenzado la vida tan cerca del fin del mundo es previsible caminar hasta la muerte de la mano de la tragedia.

Foto: IMDB
Foto: IMDB

Latest posts by Naief Yehya (see all)

Compartir