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Sólo hay una palabra que puede describir la esencia del Zócalo de la Ciudad de México: multifacético, ya que alberga a sus alrededores, el poder político, cultural y religioso de nuestro país, además de ser el escenario de grandes eventos musicales y deportivos que han logrado reunir a más de 200 mil personas.

Ubicado en el primer cuadro de la ciudad, en la delegación Cuauhtémoc, la también llamada Plaza de la Constitución (nombre que recibe en honor a la Constitución de Cádiz promulgada en 1812), se encuentra flanqueado al norte por la Catedral Metropolitana, el segundo recinto religioso más importante a nivel nacional, sólo detrás de la Basílica de Guadalupe, y si caminamos unos pasos hacia el norte se observa el Templo Mayor, centro cultural prehispánico de gran legado histórico.

Al oriente está custodiado por Palacio Nacional, sede del Poder Ejecutivo Federal, sitio emblemático de nuestra Independencia. Mientras que al este, es vigilado por el Antiguo Palacio del Ayuntamiento y el Edificio de Gobierno, ambos recintos coloniales resguardan a la administración local. La actual plaza no siempre tuvo esa imagen digna de un sitio de tal envergadura. Se construyó entre 1521 y 1523, para posteriormente un año después ser inaugurado. A lo largo de sus más de 400 años de historia, en el lugar han sido instalados y removidos jardines, monumentos como El Caballito, de Manuel Tolsá, mercados e incluso rutas de tranvías que la compañía Ferrocarriles del Distrito Federal instaló. Sin embargo, fue hasta 1956 que la plancha capitalina adquirió su actual imagen, quedando al centro sólo el asta bandera.

El primer gran paso para su transformación fue en los años 30, ya que a través de diversos decretos se protegió al Zócalo, la calle de Moneda y varios edificios importantes. Ocho décadas después, el gobierno encabezado por Miguel Ángel Mancera decidió darle una nueva imagen, acorde a las nuevas exigencias del Siglo XXI y que permitan regresarle su esplendor original.

En un tiempo récord (marzo-agosto de 2017), la administración capitalina junto con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) inició los trabajos de remodelación, en los cuales se invirtieron 150 millones de pesos y que requirieron 4 mil 420 metros cúbicos de concreto hidráulico e igual cantidad de relleno fluido.

Caminar por el nuevo Zócalo (llamado así porque en 1842, Antonio López de Santa Anna intentó construir un monumento a la Independencia de México en el centro de la Plaza, pero no logró concretarse el proyecto encargado a Lorenzo de Hidalga quien sólo pudo concluir la base, obteniendo así el nombre de zócalo). La plancha ahora es más segura, pues se colocaron baldosas con textura antiderrapante, lo que ayuda a no caerse cuando el piso está mojado, además se instalaron 750 metros lineales de tubo de drenaje, los cuales desalojarán hasta 28 litros de agua por segundo, dicha medida implica que la zona no tendrá encharcamientos y mucho menos volverá a inundarse tal como ocurrió en 1629, cuando una fuerte lluvia provocó daños considerables tanto al pavimento como a los negocios aledaños.

En honor a la frase: “La nuestra es una ciudad incluyente”, dicha por Mancera, se instalaron siete rampas y 730 metros lineales de guía táctil, para ello la Secretaría de Obras y Servicios trabajó de la mano con el Instituto de las Personas con Discapacidad para permitir una movilidad fácil.

Derivado de que el Zócalo es sede de diversas expresiones artísticas, culturales, sociales, políticas y deportivas, se colocó un sistema de izaje que se compone de 56 puntos de anclaje que evitarán que se perfore de manera discrecional, permitiendo un tránsito seguro de los visitantes, quienes podrán recorrer 22 mil metros cuadrados de manera confortable, ya que el espacio peatonal creció un 10 por ciento.

La transformación también incluyó los dos accesos de la estación del Metro ubicados en la plaza, cuyos escalones fueron recubietos con piedra volcánica o “de recinto”, y se modernizaron los 34 metros lineales de barandal de acero de ambas entradas (17 metros lineales por cada una).

¿Pero por qué es una zona multifacética? La respuesta es sencilla. Un solo espacio se puede convertir en cuestión de horas en un gran campo de béisbol (el 14 de junio de 2015 se realizó el Home Run Derby con un ‘diamante’ de tamaño real en la plancha de asfalto para celebrar el 90 aniversario de la Liga Mexicana de Béisbol). Pero también en una pista de carreras para autos de la Fórmula 1 (27 de junio de 2015).

Considerada la tercera plaza más grande del mundo sólo detrás de Tiananmen, en Pekín, y la Plaza Roja, en Moscú, el Zócalo ha albergado desde movimientos sociales hasta conciertos de Manú Chao, Café Tacvba, Roger Waters, Justin Bieber y Paul McCartney, quien reunió a 200 mil personas.

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