Obama tiende puentes en un país dividido

En Nueva York

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, eligió Chicago para pronunciar su último discurso como inquilino de la Casa Blanca. Fue en esta ciudad de Illinois donde dio sus primeros pasos en política después de terminar su licenciatura de Derecho en Harvard.

El último discurso del presidente es un acto simbólico y tradicional que se remonta a más de 200 años. La despedida de Obama tenía, además, un significado distinto al dar paso a un mandatario populista e inesperado como Donald Trump, que ha prometido desmantelar gran parte de la herencia que recibirá. Quizá por este motivo, el discurso del presidente en la Plaza McCormick consistió en una llamada a la acción y a la defensa de la democracia.

El presidente saliente se dirigió a las nuevas generaciones para que luchen por sus derechos y por sus libertades. Su intervención quiso ser, además, “una sentida expresión de gratitud” a los estadounidenses por sus ocho años de mandato, pero también un repaso del “significativo progreso” logrado.

La aceptación del matrimonio para parejas del mismo sexo en todo el país, el asesinato de Osama Bin Laden, el terrorista más buscado del mundo, la reforma de la ley de sanidad que permitió que mayor número de personas tuvieran acceso, por primera vez, al seguro médico y el deshielo de las relaciones con Cuba son algunos de los logros que resaltó el jefe de Estado en su discurso de despedida.

El primer dirigente afroestadounidense también repasó los “valores” que cree necesarios ante los desafíos futuros, entre ellos la justicia, la equidad o entender la “diversidad” como una de las fortalezas del país.

El todavía mandatario de EU explicó que la idea de democracia no exige uniformidad pero sí que los ciudadanos respondan unidos a los retos que comparten: “El comienzo de este siglo es uno de esos momentos que han amenazado con romper nuestra solidaridad. Sólo depende de nosotros que garanticemos que nuestro gobierno nos ayude a responder a los desafíos a los que nos enfrentamos”.

La democracia de Estados Unidos, recalcó Obama, no funcionará si todo el mundo no tiene las mismas oportunidades económicas.

Desde el punto de vista del presidente saliente, Estados Unidos se ha enfrentado a numerosos desafíos desde 2009 y que superarlos “nos ha hecho más fuertes”. Obama defendió enérgicamente el legado, entre cuyos logros está la reducción del desempleo, que pasó del 7.8 por ciento en 2008 al 4.6 por ciento actual.

También defendió la reforma sanitaria, conocida como Obamacare, que ha dado cobertura a 20 millones de personas. Está reforma está en el punto de mira de los republicanos y Trump ha dicho que su derogación será una de sus primeras actuaciones en la Casa Blanca.

Otro asunto que estará en el punto de mira del nuevo presidente serán los inmigrantes irregulares. La reforma migratoria tan ansiada por Obama fue torpedeada por los republicanos en el Congreso, de tal forma que el demócrata sacó adelante dos «parches» a golpe de decretos para proteger a los jóvenes y los padres inmigrantes con hijos nacidos en Estados Unidos.
Pero quizá lo que más peligra de este legado son las tímidas leyes regulatorias aprobadas después de la crisis financiera de 2008, relacionada con la reforma de Wall Street, sobre todo teniendo en cuenta que el Gabinete de Trump está compuesto por multimillonarios procedentes de grandescorporaciones y bancos.

También lanzó un mensaje a China o Rusia: “No pueden igualar nuestra influencia en el mundo, a menos que renunciemos a nuestros valores y nos convirtamos en otro país gigante que se dedica a acosar a nuestros vecinos más pequeños”, recalcó en días en que las relaciones diplomáticas entre Moscú y EU están en franca tensión por las sanciones impuestas por Washington a funcionarios rusos por su supuesta injerencia en las elecciones.

Antes de cerrar su discurso, Obama llamó a los ciudadanos a garantizar que se respetan los valores de la Constitución y a defender sus principios fundacionales. “Las ganancias de nuestro largo camino a la libertad no están garantizadas”, concluyó el presidente.

Pide a republicanos tirar ley de salud pronto

El presidente electo Donald Trump presionó ayer al Congreso para que se apresure a derogar y remplazar la ley de seguros médicos de Barack Obama. Luego de hablar con Trump, el presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan dijo que se tomarán medidas para dar ambos pasos “simultáneamente”.

La presión por acelerar y coordinar el proceso se presenta mientras crece el número de republicanos que han expresado su preocupación sobre los planes de los líderes del partido para anular la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible sin contar con un sustituto viable, lo que potencialmente podría dejar en el limbo legal a 20 millones de personas que obtuvieron cobertura médica.

“Debemos actuar. Obamacare ha sido un evento catastrófico”, dijo Trump en una entrevista con el diario The New York Times. “Mucho tiempo, para mí, serían semanas”, añadió en referencia a la brecha entre la derogación y el remplazo de la ley. “No se anulará para presentar un nuevo plan dos años después”.

Según el plan del Congreso, la votación procesal sobre presupuesto programada para esta semana en la Cámara de Representantes y el Senado iniciaría el proceso de derogación. Pero no se prevé una votación para suprimir el Obamacare sino hasta mediados de febrero como fecha más próxima.

El nuevo fiscal se promueve como contrapeso de Trump

El senador republicano, nominado a fiscal general, abre
las audiencias al nuevo Gabinete; hoy continúan con Rex Tillerson

Por Marta Torres / mundo@razon.com.mx
En Nueva York

Mostró su mejor cara. La de un futuro fiscal general capaz de primar la objetividad por encima de sus intereses u opiniones, conciliador y justo. Un perfil muy diferente al que Jeff Sessions ha mostrado durante sus dos décadas como senador o los años que ejerció de fiscal general de Alabama, cuando no dudó en realizar comentarios racistas, investigar a activistas de los derechos de los afroestadounidenses e incluso bromear con las “bondades” del Ku Klux Klan.

Por ello, ayer, el comité del Senado que evalúa su idoneidad para ocupar el cargo comenzó con las protestas de varios activistas que pedían su retirada.

“¡No a Trump, no a un EU fascista, no al Ku Klux Klan”, gritaban tres manifestantes que fueron sacados a la fuerza por agentes de seguridad de la sala. Él los ignoró, ni los miró, mientras hacía bromas con los senadores que le examinaban.

Sessions comenzó su intervención asegurando que comprometiéndose a desempeñar un papel de contrapeso en el futuro Gobierno y a decir “no” a Donald Trump si se “excede” en su poder. “Un fiscal general no debe ser una persona que autoriza sin cuestionar”, afirmó.

En relación a la polémica racista que ha golpeado su nominación, aseguró que “aborrezco al Ku Klux Klan, lo que representa y su odiosa ideología”, antes de centrarse en “la peligrosa tendencia” de aumento del crimen que ha vivido Estados Unidos en los últimos años.

Sessions se comprometió a procesar a los que “violan repetidamente” las fronteras de Estados Unidos, aunque descartó apoyar los delirios de Trump de prohibir la entrada al país de musulmanes, tal y como se comprometió durante la campaña. “No apoyo la idea de que se les niegue la entrada a EU a los musulmanes como grupo religioso”, dijo el senador de 70 años.

En relación a la reducción de los flujos migratorios, otro de los pilares del ideario Trump, se mostró totalmente opuesto a la ley de Obama, que definió como “amnistía masiva”. Otro de los aspectos más esperados de su intervención fue el relacionado con la investigación a la excandidata presidencial demócrata Hillary Clinton por el caso de sus correos electrónicos y por las polémicas donaciones a la Fundación Clinton.

“Este país no castiga a sus enemigos políticos, sino que se asegura de que nadie está por encima de la Ley”, aseveró, para después añadir que no será él quien lleve a cabo la investigación y prometió que se apartaría de “cualquier cuestión” que implicara a Clinton, ya que su “objetividad estaría en cuestión”.

Hoy continúa la evaluación de los candidatos de Trump. El nominado para la secretaria de Estado, Rex Tillerson, será interrogado por su cercanía a Vladimir Putin y sus intereses empresariales en Rusia.