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-¿Está listo? Antes de empezar debo recordarle el procedimiento que le explicaron en la primera sesión pero que, por la naturaleza de la intervención, estamos obligados por ley a dejar perfectamente claro que si bien no modificaremos ninguna parte física de su cerebro, se ajustarán ciertas ondas que atenuarán las emociones y los recuerdos determinados en la batería de pruebas previas y que usted autorizó mediante el contrato de prestación de servicios. Asimismo, le informo que la empresa es solo la herramienta para la realización de la decisión consciente y libre plasmada en la exposición de motivos y que no somos responsables de ningún acto previo para influir en ella, ni seremos, por consiguiente, responsables de cualquier afectación posterior. Pregunto de nueva cuenta ¿Está listo?-

¿Realmente lo estaba? ¿Estaba dispuesto a olvidar buena parte de lo que era? Sabía que no era totalmente responsable, que de hecho, era más víctima que victimario, que no podía responsabilizarla por enamorarse perdidamente de ella, ni de que ella no lo hubiera hecho con la misma intensidad. ¿Estaba listo? No lo sabía, lo había dudado desde que pisó el Centro de Olvido pero, ya no funcionaba igual, la depresión le impedía dormir, el rencor de la traición le provocaba, incluso en este momento de duda, una dosis de bilis que le subía por la garganta quemándolo y no obstante, lo peor, era la falta de seguridad, una cosa era fallar en una relación, la otra, el haber sido utilizado, engañado, usado y rematando con el haber amado de manera tan completa que los oídos se cerraban y los ojos se cegaban ante la explícita realidad… El amor idiotizaba, costaba, dolía… dolía…

-Sí, estoy listo.-

El técnico sonrió, le eran indistintos los conflictos emocionales, él solo ajustaba los cojinetes, regulaba la intensidad en los parámetros establecidos por los psiconeurólogos y oprimiría las teclas para dar inicio al programa pero, le molestaba terriblemente que un paciente dijera que no en el último momento pues consideraba que perdían su tiempo además de que si ya habían tomado una decisión, echarse para atrás, aparte de debilidad, significaba indecisión.

Tecleó las instrucciones, se compararon las ondas actuales con las deseadas y se introdujo una pequeña corriente eléctrica que sumió al paciente en un sueño profundo, el resto del proceso no lo entendió en la inducción ni lo entendía ahora aunque, tampoco le interesaba, todo era a través del software.

-Sr. Les, el procedimiento fue, como siempre en C.O. un rotundo éxito, no obstante, la legislación de olvido. Obsoleta, si me lo pregunta. Nos obliga a mantenerlo en observación por las próximas 48 hrs por si sucede alguna complicación que, como usted recuerda, no ha sucedido nunca desde que se inventó el olvido selectivo.-

“Sr. Les”, en algún lugar recóndito de su memoria le sonaba familiar y no obstante, de alguna forma no sentía que fuera del todo correcto, por un lado sabía que ese nombre era suyo pero, era como si se lo acabaran de poner, como si un sujeto apareciera de pronto y sin más, le dijera: “te llamarás Les”.

-Eso creo.-

-Muy bien, me da gusto. Como verá, los recuerdos de… ya no están, incluso, eliminamos el momento justo en que se tropezó con… en el banco.- El Dr. consultaba la tableta donde parecía estar su historial. Mientras hablaba, recibía destellos ocasionales de lo que creía eran recuerdos, esos también se sentían extraños, como si no los hubiera vivido, era como si recordara haber visto la escena de una película pero aún así, lo que lo tenía verdaderamente extrañado era que cuando el Dr. mencionaba, lo que, infería, era el nombre de una mujer, su cerebro simplemente no lo asimilaba, era como si presionaran el botón de “mute” justo en el momento en que lo decían y por mucho esfuerzo que hiciera, no lo captaba. Supuso que ella era la razón de que estuviera ahí y tenía atisbos del dolor aunque, era como ver el dolor de un completo extraño al cual le dabas una palmada en la espalda y le decías que todo estaría bien mientras seguías de largo porque tenías cosas más urgentes como ver el pasto crecer.

Ilustración: Norberto Carrasco

En algún momento debe haberse perdido la narración de su vida o mejor dicho, de lo que fue su vida pues el Dr. lo observaba con una actitud justo a la mitad entre el hastío de la rutina y la diversión malsana de ver a una persona tropezar y caer.

-Parece perdido Sr. Les. ¿Está seguro que está bien? Es muy raro y no obstante, ocasionalmente tenemos pacientes que sufren una ligera desorientación. Si así es, no tiene nada de que preocuparse, en 48 hrs, estará usted como nuevo y podrá irse a su hogar.-

“Hogar”… no, no recordaba ninguno.

-No tengo hogar.-

El Dr. a medio levantarse, lo observó detenidamente, suspiró y se dejó caer de nuevo en la silla de oficinista. Presionó la tableta, movió el índice de abajo hacia arriba una y otra vez, frunció el ceño, farfulló algo ininteligible y salió apresuradamente del consultorio.

-A ver, explícame otra vez que hiciste.-

-Ajusté los nodos, los parámetros, la corriente y dejé que el software “limara” los picos del encefalograma hasta que coincidiera con la modificación planteada computada en base a los estudios conductuales y nemotécnicos previos.-

El Dr. revisó cada parte del proceso, todo era como siempre había sido, se analizaba el comportamiento del sujeto desde su entrada al Centro, dependiendo de su grado de tensión se asignaba el cuestionario inicial buscando elevar su impaciencia y medir el anhelo y el autocontrol, conforme se iban llenando las casillas, el sistema empezaba una búsqueda en redes para cruce de información y obtener el perfil social, en el apartado de beneficio esperado, el logaritmo obtenía el porcentaje más alto de probabilidad, la temporalidad de la misma y la idoneidad del reajuste emocional. La entrevista posterior, en caso de ser aprobado, planteaba las preguntas claves para encontrar la reacción emocional extrema y que se pudiera encontrar el punto aceptable de menor intromisión pues, si bien la propaganda decía que nunca se había dado un caso fallido en el procedimiento de olvido selectivo, los que trabajaban en el Centro habían escuchado de casos aterradores, uno de ellos, quizá el que todos conocían pero que nadie en su sano juicio aceptaría, era el de la esposa del presidente de la gran comisión que dio el visto bueno y aprobó la legislación de los Centros de Olvido apenas una semana después de que ella presentara un extraño caso de Alzheimer que terminó con ella en un asilo, él con el manejo exclusivo de la enorme fortuna de su esposa y los doctores, con un nuevo y rentable mercado legal.

Desde ese entonces, el proceso se había automatizado, se habrían puesto candados y no era casi imposible que fallara, de hecho, era uno de los servicios médicos más requeridos en estos tiempos pero, ahí estaba, una falla, un pequeño desfase y la consecuencia, de no atenderse, sería terrible.

Tomó el teléfono y le marcó a su jefe.

 

-Buena tarde Sr. Les. Mi nombre es… y seré su enfermera asignada para su observación de ley.-

La enfermera le provocó un rechazo inmediato aunque no podía decir la razón del mismo, era joven, guapa, de voz dulce y con un alucinante cabello castaño rojizo que reflejaba la luz cada vez que se movía.

-Gracias pero, estoy bien, solo quiero irme a…-

-¿A dónde?-

-A…- Era imposible, no sabía a dónde dirigirse. Eso elevaba su ritmo cardiaco y luego, algo pasaba.

-¿Sí?-

-A mi hogar.-

-¡Ah! A su hogar ¿y dónde queda?-

Carajo, la frente se le perló de sudor, concentrarse le estaba costando un esfuerzo inhumano, por mucho que trataba de pensar en su casa, en su hogar, no podía, simplemente se diluía, era como conocer la definición y desconocer la palabra.

-No se preocupe Sr. Les, la desorientación es bastante común, en menos de dos días usted saldrá de esta puerta como el hombre nuevo y fuerte en que se ha convertido.-

Ese pelo, le provocaba reacciones encontradas, fluctuaba entre admiración y rechazo, entre anhelo y desagrado, entre amor y odio. Cerró los ojos y el sollozo le salió de lo más profundo de su ignorancia.

Sentía tal confusión que el pinchazo en el hombro le pasó desapercibido.

 

-¿CÓMO DEMONIOS PASÓ ESTO?-

-Fue…-

-¡CÁLLESE!-

El silencio incómodo se alargó, los presentes no tenían idea de que hacer, ante ellos estaba el fundador del C.O. uno de los hombres más famosos de su tiempo, ganador no de uno, sino de dos premios Nobel, uno de los hombres más ricos de todo el orbe y según las miles de entrevistas, uno de los hombres más tranquilos y amables del planeta. No obstante, el hombre furioso que tenían enfrente era la antítesis de lo que todo el mundo creía saber.

-Ya perdí bastante tiempo con su ineptitud ¡HABLE!-

-Señor, fue una desfase temporal, el paciente, hijo único de madre soltera, tenía una relación profunda y entregada con su progenitora, ella falleció hace unos años y el sujeto quedó desecho, cayó en todo vicio destructivo existente y si no intentó suicidio fue por sus creencias religiosas heredades de su madre…-

-¡Apure! La vida de un extraño me es indistinta.-

-Es que eso fue lo que el programa no identificó,-

-Explíquese.-

-Como decía, el sujeto cayó en una espiral destructiva, perdió trabajo, amistades, dilapidó todo lo que tenía y solo le quedaban los ahorros de su madre que por respeto a su recuerdo, nunca había tocado pero, en su punto más bajo, se dio un baño en el cuarto de un motel de mala muerte en el que pudo colarse, lavó su ropa mientras lo hacía y se la puso mojada, afortunadamente para él, esa mañana estaba lloviendo así que entrar al banco con la ropa empapada no despertó suspicacia alguna.-

-Sigo sin entender de que va todo esto.-

-En un momento llego. El paciente Les, mientras hacía cola en el banco para retirar los ahorros de su madre, sintiéndose como un perfecto y desagradecido inútil, sintió que alguien le clavaba un dedo en la espalda. Al voltear, su mundo quedó de cabeza, una guapa y joven mujer de pelo castaño rojizo le sonrió. Suponemos que la madre también ten-a el pelo de ese color, debido a la escasez de fotografías y ninguna a color no pudimos entender el contexto de desesperación-similitud-suplencia-enamoramiento-salvamento y con esa falta de contexto, al trabajar en la eliminación del recuerdo de la persona que le había causado daño, no entendimos el encadenamiento de la imagen materna con el amor de una mujer que, aún fallido, lo había salvado de cierta forma.

-¿En resumen?-

-Los recuerdos que eliminamos llegaron hasta la conformación de la primera infancia, es decir, modificamos la personalidad primaria.-

-¿Y quiero suponer que lo arreglaron a entera satisfacción?-

El silencio apareció y se asentó como rey en su trono, ni siquiera se cruzaron miradas.

-Entiendo. Su ineptitud raya en lo supremo.- Tomó el teléfono y dio un número.

Llovía, hasta cierto punto, agradecía que lo hiciera, así nadie notaría su ropa mojada. Tampoco es que importara mucho, sacaría el dinero de su madre, lo consumiría en sus porquería y luego, así se ganara la condenación eterna, le diría adiós a este planeta en el que no había nada para él.

Por un instante el reflejo en el cristal le devolvió una imagen envejecida ¿tanto se había acabado? No recordaba haber visto arrugas y canas. Daba igual, no importaba… No había, ni habría nada para él.

Mientras hacía la cola en el banco creyó sentir que alguien le tocaba la espalda y por alguna razón incomprensible sintió un vuelco en el corazón. Al voltear vio a un sujeto gordo que le hacía una seña de que la caja estaba vacía. Por un breve instante sufrió decepción, sacudió la cabeza y se acercó a la caja.

No, no había nada más…

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