Adiós PRI-AN, hola PRI-Mor

Fase 2
Por:
  • Carlos Urdiales

Y los primeros frutos de la nueva sociedad político-legislativa son la Guardia Nacional (a reserva de chuleársela a AMLO) y el doctor Alejandro Gertz Manero como primer Fiscal General de la Nación.

Aritmética democrática y legislativa no son lo mismo, una cosa es ganar la Presidencia con 53 por ciento y otra lograr mayorías calificadas para cambiar la Constitución. A eso se avocan Mario Delgado, Ricardo Monreal y el PRI.

El líder de los diputados morenos, Mario Delgado, presumió haber construido los consensos necesarios para aprobar con 362 votos a favor: Morena, PT, PES, PVEM y PRI; 119 en contra: PAN, PRD y 4 abstenciones, destaca la de Tatiana Clouthier; un proyecto de Guardia Nacional digerible para todos; gobernadores que alertaban violaciones al federalismo y ONG locales y extranjeras que afirmaban que se pretendía constitucionalizar la militarización del país vía este nuevo cuerpo armado.

Morena, PT y PES necesitaban los votos de la bancada tricolor para avanzar y los tuvieron. Los del PRI atendieron los llamados de sus gobernadores quienes comprometieron el apoyo a la Guardia Nacional a cambio de otros intereses legítimos; presupuesto, obras, inversión y por supuesto, remediación urgente de la violencia e inseguridad, que prevalecen en varias de sus entidades.

Subyacen sospechas sobre una alianza profunda y secreta entre Morena y PRI. La misma de la que se comenzó a hablar cuando el expresidente Enrique Peña Nieto daba señales de haber rendido la plaza a López Obrador antes, incluso, de las elecciones. Pacto tácito de no intervención electoral y una transición en buena ley a cambio de perdón y olvido, no hurgar el pasado para construir el futuro de la 4T.

Sólo los hechos confirmarán o desmentirán la imaginación de más de uno en este asunto. Como sea, la Guardia sorteó ya su primera aduana gracias al nuevo dúo dinámico PRI-Mor. Y hasta ahora, juzgar a los expresidentes sólo vive en la imaginaria de futuras consultas populares de las cuales, por cierto, todavía no se aligera su reglamentación. Y sobre exfuncionarios de alto rango, peces gordos que paguen aquello de lo que hoy emerge evidencia, nada aún.

La Guardia Nacional no es un asunto finiquitado por más que sepamos que el dúo PRI-Mor reunirá los votos necesarios para imponerla, y es que al Presidente López Obrador no le gustó que en aras de los consensos, que presumió Mario Delgado, a su iniciativa le hayan quitado un transitorio esencial desde la perspectiva presidencial; la permanencia reglamentada de Fuerzas Federales en tareas de Seguridad Pública. Pequeño gran detalle.

La fallida Ley de Seguridad Interior que la SCJN le rechazó a Enrique Peña Nieto buscaba subsanar un adeudo constitucional con Ejército y Marina; sus empeños desde 2007 en tareas policiales sin contar con el marco jurídico adecuado, para soldados y marinos, pero también para la sociedad amenazada por la presencia cotidiana y extendida de elementos de combate, no de prevención delincuencial, en calles, poblados y vialidades.

Y es que la Guardia Nacional de cualquier manera no va a existir mañana. El Senado deberá primero, y así lo prevé Ricardo Monreal, líder de Morena en la Cámara alta, convocar a un nuevo periodo extraordinario que corrija, antes del próximo ordinario hasta febrero, aquellos desperfectos que diputados toleraron. Luego, aprobarla con sus aliados, sumar a la bancada del PRI para posteriormente enviarla a los Congresos locales para que al aprobarla 16 + 1 de ellos, adquiera carácter de reforma constitucional.

Mientras todo ocurre, la seguridad pública, en vastas regiones del país, ahora incluidos ductos, pipas (existentes y nuevas) e instalaciones estratégicas de Pemex, están en manos de las Fuerzas Armadas. El protagonismo en las mañaneras presidenciales de los secretarios de la Defensa y Marina con los “partes” diarios sobre la guerra contra el huachicol, es inédita. Guste o no, haya sido otra la promesa.

PAN-PRD-MC no logran siquiera posicionar sus objeciones. Mejor una independiente y solitaria Tatiana Clouthier alerta sobre el inminente peso político que las milicias adquirirán de cara a la sucesión en 2024, de persistir la ruta que busca el Presidente.