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En menos de tres meses las condiciones económicas globales y propias de la economía mexicana se han deteriorado. Hay mayor pesimismo sobre el devenir económico. Prácticamente todo el mundo encamina esfuerzos por evitar un descalabro económico mayor a través de políticas contra-cíclicas. Las autoridades monetarias mexicanas están conscientes de esta difícil coyuntura, por lo mismo, no son pocas las probabilidades de que se profundicen los esfuerzos de la política monetaria.

La economía mundial se desacelera más de lo previsto. Para mayor evidencia están los pronósticos de crecimiento recientemente publicados por el Fondo Monetario Internacional, donde ahora espera para este año un crecimiento global de 3.0%, tres décimas de punto porcentual por debajo de su estimación de hace apenas seis meses. Para el año siguiente su estimación de 3.4% también está por debajo de lo que pensaba hace seis meses en 0.2 puntos porcentuales.

El menor crecimiento esperado proviene tanto de las menores expectativas para las economías avanzadas, como de las emergentes y en vías de desarrollo. El agotamiento de la fase expansiva después de la gran crisis del 2009 (una de las más prolongadas en la historia del capitalismo moderno), sumada a las tensiones comerciales, especialmente entre Estados Unidos y China, son las causas principales de la reciente desaceleración mundial.

Sumados al difícil contexto externo, existen factores idiosincráticos (especialmente la enorme incertidumbre que priva para el ejercicio de la inversión productiva) que han promovido un acentuado deterioro de las expectativas de crecimiento de la economía mexicana. En las estimaciones del FMI, se prevé para este año un avance del PIB de sólo 0.4%, más de un punto porcentual por debajo de lo que estimaba hace seis meses.

Este apabullante ajuste a la baja en el pronóstico del FMI no es sino reflejo de las condiciones de debilidad de la economía mexicana que, en paralelo, viene acompañada de un nivel de inflación bajo y en línea con el objetivo puntal del Banco de México, 3.0%.

A la par del bajo crecimiento económico (que implica una brecha de producto negativa en poco más de 1.0%), inflación externa muy baja, e incremento de precios internos en línea con el objetivo del banco central, acompañan a la coyuntura económica un nivel muy alto de las tasas de interés internas, ello en un contexto donde prácticamente todo mundo está en franco proceso de relajación monetaria reduciendo sus tasas de interés (en algunos casos hasta niveles negativos). En efecto, los rendimientos en México son de los más altos del mundo, de hecho, el diferencial entre tasas internas y externas presenta un sesgo claramente restrictivo.

Todos estos elementos brindan un coctel único para que el Banco de México pueda acentuar su política de relajación monetaria y, en consecuencia, apoyar más el crecimiento económico. Hasta ahora, Banxico más bien ha ido de la mano con el quehacer de la Fed, pero las posiciones al interior de la junta se han ido sesgando en pro de una mayor relajación monetaria. De hecho, en la última decisión, ya dos miembros votaron por una baja de 50 puntos base.  En este sentido, considero que existen amplias posibilidades para que la Junta de Gobierno del banco central opte por una baja de 50 puntos base en su próxima reunión de noviembre.

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