Recesión: la hidra se asoma

BRÚJULA ECONÓMICA

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Las preocupaciones se incrementan, la perspectiva se deteriora, las amenazas de guerra comercial persisten y, lo que es peor, diversos indicadores señalan débil desempeño de la actividad económica global. Definitivamente el panorama no es halagüeño. Los riesgos de una recesión global son crecientes y, por consiguiente, cada vez más preocupantes.

Que tan probable es un evento así, aunque es difícil saberlo, los analistas asignan una probabilidad de ocurrencia de recesión en Estados Unidos nada despreciable de 35%. Algunos indicadores de la industria manufacturera de las principales economías del mundo ya señalan contracción productiva, China está creciendo a tasas mínimas de los últimos años, en Estados Unidos el empleo se desacelera. Hay en este sentido evidencias claras de desaceleración.

En este sentido, México por supuesto no está exento de una situación tan crítica como la que se perfila a nivel mundial. Es relativamente sencillo suponer que, si la economía global, y en particular la de Estados Unidos, entra en recesión, es prácticamente inevitable que la economía mexicana también incurra en un periodo de crecimiento negativo por dos o más trimestres consecutivos.

Una de las preguntas fundamentales que surgen en un escenario de este tipo es ¿con qué profundidad y cuánto tiempo podría tomar la recesión? Si bien es difícil saberlo, a la luz de los indicadores recientes, es posible prever una recesión que podría ser menos profunda y más corta que la que se generó en el 2009.

A diferencia de aquella debacle con un tinte claramente financiero y con un impacto productivo devastador, ahora estamos frente a la posibilidad de una recesión con fuentes fundamentalmente productivas, derivadas del agotamiento de uno de los procesos de expansión productiva más largos del capitalismo moderno y de las constantes amenazas de guerra comercial entre las dos economías más grandes del mundo: Estados Unidos y China.

Además, no sólo los factores externos son los que ponen a nuestra economía en riesgo de caer en una situación tan crítica, también hay elementos locales que acrecientan la probabilidad de una recesión en México. La falta de expectativas favorables a la inversión, la inseguridad, los riesgos de mayor inflación son elementos que no favorecen el panorama interno.

Desafortunadamente, en el caso de la economía mexicana, un escenario pesimista sobre la economía mundial no significa en estricto sentido pasar de una expansión a una recesión. El desempeño de nuestra economía ha sido bastante mediocre (en el último año el PIB sólo se ha incrementado 0.3%), por lo que pasar a una situación recesiva (caída en la producción) no implicaría un deterioro mucho mayor. Ello no es bueno, significa que la economía mexicana está dañada y puede dañarse todavía más.

No estoy afirmando que la economía entrará en recesión, pero claramente se acrecienta la probabilidad de que ello ocurra. Hasta ahora tiene mayor peso una expectativa de que las economías en el mundo funcionen mejor ante la amplísima gama de políticas anticíclicas que se están tomando en prácticamente todos los países. Empresas y consumidores deben tener en cuenta un escenario negativo de este tipo y tomar precauciones. No gaste más de lo que tiene, ahorre y, principalmente, cuide su fuente de trabajo. 

Arturo Vieyra

Arturo Vieyra

Arturo Vieyra Fernández es economista. Ha trabajado en análisis macroeconómico y análisis sectorial desde 1994 en el Departamento de Estudios Económicos de Citibanamex, antes Banco Nacional de México. Anteriormente trabajó como economista en análisis industrial en la Secretaría de Energía. Ha sido profesor en la UNAM y otras instituciones.
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