Asesinato en la embajada

Comer de la basura
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La narrativa de las últimas semanas sobre el asesinato del periodista Yamal Khashoggi tiene la intriga, maldad, ironía y giros que cualquier novelista de talla mundial pudiera envidiar.

Hago un breve recuento: el pasado 2 de octubre, el periodista se presentó en el Consulado de Arabia Saudita en Estambul, para tramitar un permiso de matrimonio; nunca salió del edificio.

Arabia Saudita es uno de los países más ricos del mundo por sus reservas petroleras; pero, la fortuna no hizo inmune a su gobierno de las críticas del periodista, quien hizo severas observaciones al modo de gobierno y, en especial, a la falta de libertad de expresión en el mundo árabe.

Respecto de la muerte de Yamal Khashoggi se han barajado dos hipótesis: la primera, es que fue ahorcado y su cuerpo desaparecido. La segunda, señala tortura y descuartizamiento. Ninguna de ellas es aceptable, menos en un edificio diplomático, orquestado por miembros de un estado.

Donald Trump desestimó el fallecimiento del periodista; después, sus asesores lo convencieron de que había que posicionarse fuertemente. Para ello, decidió enviar a la directora de la CIA, Gina Haspell, a investigar.

Por su parte, el presidente Turco Recep Erdogan ha exigido se esclarezca la verdad de los hechos y ha pedido al gobierno saudí que entregue a los responsables.

Es difícil hilar tantos nombres con tan negro pasado en la misma historia. Por un lado, el presidente Erdogan, que es famoso por violar derechos humanos de las minorías sin reparo alguno y que hoy, ha quedado claro, espía a las embajadas y consulados de su país. Por otro, Estados Unidos envía a Gina Haspell —famosa torturadora— a esclarecer el asunto. ¡Imagine usted!

La investigación es un despropósito por donde mire. Ninguno de los personajes implicados tiene la mínima calidad moral para dar credibilidad a los resultados de las pesquisas. No hablemos ya de alcanzar justicia.

El asesinato de cualquier periodista es algo que debe preocupar a todas las sociedades; más allá de fronteras e ideologías, la libertad de expresión ha sido la herramienta que permite la participación política mediante la crítica, la información o el análisis. Sin ellas, es difícil pensar una sociedad que esté al pendiente de los asuntos de su país y que, más temprano que tarde, tienen consecuencias en el día a día de la gente de a pie, como usted y como yo.

El gobierno saudí enfrenta una severa crisis de credibilidad y de honorabilidad pues, de confirmarse el asesinato, la comunidad internacional tendría que repudiarlo; para muestra, el gobierno de Angela Merkel suspendió la venta de armas a Arabia Saudita en tanto no se esclarezca el asesinato.

Mucho me temo que la novela negra por entregas que estamos viviendo no llevará a los culpables frente a la justicia; sospecho que los compromisos de Gina Haspell son distintos a la justicia, el honor y la dignidad. Espero equivocarme.