Catastrofismo ante incendios en Australia y guerra en Irán

Covid19: Por su curva los conoceréis
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Los recientes incendios en Australia han alarmado a la opinión pública mundial al iniciar el año. La intensificación de los incendios forestales definió al 2019. De la Amazonia a Siberia, pasando por Australia y... México. Estas catástrofes “naturales” traen otras, como la contaminación del aire de las grandes ciudades por las peligrosas partículas PM 2.5 (varias ciudades de México, en mayo de 2019; Canberra, en enero de 2020).

O la extinción de especies ya amenazadas. O la muerte de abejas que hará difícil el renacimiento de los ecosistemas quemados.

A la delicada situación ambiental del mundo se suma la posibilidad de un conflicto entre Irán y Estados Unidos, con la eventual participación de otras superpotencias. Por eso, entre broma y broma, decenas de miles de usuarios en las redes sociales convirtieron en tendencia la frase “Tercera Guerra Mundial”.

Adoptando una posición abiertamente catastrofista, el antiguo ministro de Ecología de Francia, Yves Cochet, vaticina en su último libro que el colapso de la civilización tal como la conocemos es “posible desde 2020, probable en 2025, seguro hacia 2030”.

El próximo evento desencadenador del cataclismo podría ser la liberación acelerada de metano del permafrost ártico y de Siberia que aumente rápidamente la temperatura promedio del planeta, por encima del umbral esperado en el corto plazo por los científicos. O que el declive abrupto de polinizadores (abejas, moscas, murciélagos, entre otros), por los incendios y los pesticidas, derribe la producción agrícola mundial. O bien el desplome en el mar de Amundsen de los glaciares de la isla Pine, provocando una elevación del nivel del mar de tres metros. O la pandemia provocada por las enfermedades tropicales que ya amplían su alcance por efecto combinado del calentamiento global y de la enorme movilidad internacional, debida a la globalización.

Algunos de mis alumnos me aconsejan no hacer eco a este tipo de perspectivas apocalípticas. La lucha de los jóvenes liderados por Greta Thunberg tiene sentido precisamente porque aún queda esperanza. Todo lo que se gane en materia de transición hacia la sostenibilidad supone reducir un poco el impacto de las crisis humanitarias por venir. No será lo mismo si el calentamiento global rebasa 1.5, 2 o 3 grados Celsius. Por ello menciono dos acontecimientos que quizá van en sentido contrario a las predicciones de Cochet. La madre naturaleza, que parece agonizante en Australia, muestra sus garras en otras regiones. En una próxima columna contaré cómo en 2019 aumentó el número de ataques de osos pardos en la Unión Europea.

El otro hecho que da esperanza a algunos es la revolución tecnológica. Jeremy Rifkin nos invita a considerar las ventajas que traerá el Internet de las Cosas. Con la conexión a la red de sistemas de transporte, alimentación y energía, será supuestamente posible ahorrar exponencialmente costes de producción y transacción, permitiéndonos quizá enfrentar la transición energética hacia una economía pospetróleo. ¿Será?