Miércoles 27.01.2021 - 15:48

Niñas embarazadas por violación

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Once mil niñas se convierten en madres cada año en nuestro país, producto de violaciones.

Treinta y cuatro niñas en México son embarazadas al día en hechos de violencia sexual, ocurridos principalmente en el seno familiar. Fátima, de tan sólo siete años, fue abusada sexualmente antes de que la mataran. Estamos viviendo una violencia inconmensurable.

Estas violaciones se dan en niñas de 10 a 14 años.

Para las que quedan embarazadas, decidir interrumpir ese embarazo es muy perturbador. No sólo han sido víctimas de violaciones recurrentes, amenazadas y, además, una vez que se atreven a contar lo que les está sucediendo son señaladas de mentirosas y culpables de esas violaciones.

Hasta hace poco, estas menores eran obligadas a dar a luz, pues el aborto por violación no era permitido en todos los estados de la república.

Las leyes han cambiado, pero el pensamiento en muchos sectores de nuestra sociedad, no. Dar a luz a un bebé cuando se tienen 11 o 12 años, producto de una violación, no es la única opción que tienen esas niñas. La ley mexicana establece que todas las mujeres tienen derecho a abortar en caso de violación. Una norma ratificada en agosto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación ordena la obligación de los hospitales de brindar esa posibilidad a quienes lo soliciten.

En el caso de las menores de 15 años, todos los embarazos deben entenderse como producto de un abuso sexual, ya que hasta esa edad no cabe el consentimiento de la relación sexual, según la legislación federal. Pero muchas niñas en esa situación enfrentan un sinfín de dificultades.

Muchas veces son persuadidas para tener al bebé. Sí, niñas de 11 años, que han sido violentadas y abusadas. A quienes ya les robaron la vida.

Hablé con la maestra María Concepción Prado García, titular de la Fiscalía Central de Investigación para la Atención de Delitos Sexuales de la Fiscalía General de Justicia de la CDMX.

Se ayudan de la tecnología para detectar ataques

[caption id="attachment_1106913" align="alignnone" width="696"] La FGJ capitalina utiliza a Bosty, personaje creado por la asociación civil Antenas por los Niños, para entrevistar a menores de entre 3 y 17 años que hayan sido víctimas o testigos de diversos delitos, entre ellos, el abuso sexual. Foto: Especial[/caption]

MPG: Niñas de 10 años, que hemos tenido, 11, 15 años, que desgraciadamente son menores de edad que ya tuvieron que pasar por un proceso de este tipo; por eso es muy importante que se acerquen con nosotros, porque en este caso, la institución no tan sólo les va a brindar el apoyo jurídico, sino también psicológico, a través del Centro de Terapia y de Apoyo a Víctimas de Delitos Sexuales.

BB: Las violaciones no sólo se dan con las niñas; también son recurrentes los casos de abusos sexuales contra niños.

MPG: Son niñas, niños y adolescentes. Entonces, es muy importante reforzar esa seguridad y, de antemano, vuelvo a repetir, yo creo que debemos tener cuidado. Por mucha confianza que tengamos a nuestros familiares, a nuestros amigos, no dejemos a nuestros menores de edad bajo el cuidado de alguna persona que no tengamos la certeza de cómo es el trato que se le está dando; acercarnos a nuestros hijos, podemos detectar varios síntomas; por ejemplo, el control de esfínteres, a veces los pequeñitos empiezan a mostrar ciertas consecuencias que pudieran derivar de que son víctimas de alguna agresión sexual.

BB: Y sobre todo, creerles a los hijos...

MP: Creo que partimos de ahí; creo que ese amor como padres lo podríamos externar en esa confianza. Si nuestros hijos nos están diciendo, por ejemplo: “mi padrastro me está tocando”, creo que ahí la obligación como madre y como ser humano, sobre todo como madre, es creerle al menor de edad; ya para eso nosotros haremos las indagaciones correspondientes, a manera de saber qué fue lo que pasó.

Nelly Montealegre Díaz, subprocuradora de Atención a Víctimas del Delito y Servicios a la Comunidad, nos explicó cómo se apoya a los menores para que puedan tener la confianza de señalar a su violador y así salvarlos de que estos abusos continúen, y castigar a los culpables.

Para empezar, un menor no va a declarar ante un Ministerio Público; se tiene una cabina con una pantalla, en la que aparece un marcianito y el menor platica con él. Atrás de la pantalla está un psicólogo especialista que apoya al menor.

NMD: Parte del proceso de atención es que en ocasiones se desconoce quién es el agresor sexual; implica pasar con una persona, un perito en retrato hablado que genere el retrato de la persona agresora, de la violencia sexual.

BB: Y también funciona para comparar si ha tenido otras denuncias este hombre.

NMD: Así es; ahí identificamos algunos rasgos o tatuajes, si traen algo que los distinga y que puedan generarse estas coincidencias. Está también el área de Atención Psicológica Clínica, que es un consultorio de atención terapéutica donde va a recibir atención; no es una oficina donde estás detrás de un escritorio, son asientos de persona a persona, donde están dialogando acerca de la problemática y dando los primeros auxilios terapéuticos.

BB: Y esta área es importante, porque es el área lúdica donde se quedan los chiquitos, mientras la mamá está recibiendo toda la asesoría.

NMD: Así es; ésta es el área de atención lúdica donde ellos permanecen; no van a estar en contacto, no van a escuchar toda la violencia sexual que su mamá, que su hermana o que el familiar que les acompaña vivió, sino que aquí estarán en atención especializada, en un área muy agradable para ellos, para mantenerlos ajenos a lo que ya de por sí está viviendo su familiar que haya acompañado. Ésa es la idea, que ellos no sientan mucho la revictimización de esa violencia, son parte de las áreas de atención; ahora lo que tratamos de hacer fue un espacio mucho más amigable para las víctimas, que ya de por sí vienen de un proceso de violencia importante, pues que aquí ellas logren verlo desde otra perspectiva en el espacio.

Desgraciadamente, las pruebas son indispensables para consignar a un violador y que el juez luego no lo deje en libertad.

También platicamos con la ginecóloga Yaret Dueñas.

YD: Cuando las víctimas recién llegan con nosotros al consultorio médico, tenemos que explicarles acerca de los exámenes médicos. ¿En qué van a consistir estos exámenes médicos? Una vez que ellas los autorizan, empezamos a hacer una revisión de su integridad física para tratar de buscar si tienen algún golpe, como pueden ser rasguños, moretones o cualquier herida que esté relacionada con los hechos que están denunciando; después de eso las pasamos al otro lado del consultorio para pedirles que se coloquen una bata y hacer un examen ginecológico; con esto nosotros estamos buscando encontrar lesiones que nos permitan acreditar una violación en este caso y también nos permitan tomar algunas muestras para enviarlas al laboratorio de genética forense y que existan los resultados para un estudio seminológico; también hacemos un examen proctológico en las víctimas que han sido agredidas en esta parte del cuerpo.

BB: Este procedimiento es más difícil con menores de edad.

YD: Es más o menos similar, digo, evidentemente los menores son víctimas más susceptibles y vulnerables, porque ellos no entienden la trascendencia de los tocamientos, ni de la revisión que nosotros les hacemos; para eso su mamá y su familiar tienen que estar siempre acompañándolos en cada una de las diligencias.

BB: ¿Y qué pasa si la violencia viene de parte de uno de los familiares?

YD: Existe una persona que se vuelve responsable de ellos, en este caso, el Ministerio Público; también existe su asesor jurídico que está al pendiente de ellos durante la revisión médica, de tal manera que se cree un ambiente de confianza para que ellos puedan aceptar los exámenes médicos y no se sientan más invadidos, de por sí por la agresión sexual que ellos traen. Nosotros tratamos de ser amigables con ellos, de darles la confianza como víctimas que son para que nos permitan hacer la revisión; obviamente, siempre tomando en cuenta sus derechos y no ir más allá de donde ellos se sientan incómodos; vamos paso a paso, con mucha paciencia, porque no son pacientes, como en un hospital, sino víctimas de un delito sexual.