Las voces de Antonio Porchia

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Antonio Porchia (Calabria, Italia, 1866 – Buenos Aires, Argentina, 1968) llegó a mi vida una noche de diciembre de 1982  para estar conmigo toda mi vida. Estoy en los insomnios viviendo con Porchia. Navego en la perpetua noche con el espectro del autor de Voces reunidas (UNAM, 1999) a mi lado: escuchamos a Bach y a Stravinsky. Yo sé que él prefiere una milonga y mucho más la prosodia azarosa del bandoneón de Piazzola. Conllevamos las franjas de Arnold Schönberg, mientras el hambre del silencio se confunde con la eternidad del instante.

En el acaso del cuaderno de Porchia aparece este adagio: “Quien no llena su mundo de fantasmas, se queda solo.” Confirmo que mi soledad es simplemente una sospecha. Estoy rodeado de apariciones, de incesantes imágenes que me rondan, de mis muertos en los designios de un tiempo anulado en los presagios. Porchia y mis desvelos. Porchia y la avidez que las sombras columpian. “Durmiendo sueño lo que despierto sueño. Y mi soñar es continuo.”: leo en uno de los folios de estas Voces reunidas y no sé mi estación. ¿Dónde estoy ahora?: la noche, un puente que es abismo que es ruta: totalidad del intervalo que dura, precisamente lo que existe un instante.

“Yo soy el alma de tu padre, condenada por cierto tiempo a nadar errante de noche y a alimentar el fuego durante el día” (Shakespeare, Hamlet, Acto Primero, Escena V). Nunca despertamos los insomnes porque nunca el sueño sobrevino: vagabundos, merodeamos en los piélagos de una vaga hondonada. “Nuestros destinos corren por tan opuestas  sendas que siempre quedan derrumbados nuestros planes.” (Shakespeare, Hamlet, Acto III, Escena II). “En plena luz no somos ni una sombra.” / “La verdad tiene muy pocos amigos y los pocos amigos que tiene son suicidas.”: insiste el poeta ítalo-argentino.  Shakespeare y Porchia: junturas de dos itinerarios superpuestos.  Las palabras de Hamlet en el boscoso crepúsculo; los laudos de Porchia en las deseosas avenencias de una orfandad borrascosa.

Comparto con los curiosos lectores —sé que son pocos: también sé que son fieles a estas sabatinas Claves— un breve inventario de porchianas, algunos de mis recalcados con carboncillo amoroso y perentorio, tomados a la eventualidad del asombro que conlleva la relectura: retornar a aquello que se reveló en el pasado con la luz del presente.

“Mi pobreza no es total: falto yo.” / “Vengo de morirme, no de haber nacido. De haber nacido me voy.” / “Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo.” / “Y sin ese repetirse eternamente de todo, de sí mismo a sí mismo, a cada instante, todo duraría un instante. Hasta la misma eternidad duraría  un instante.” / “Éramos yo y el mar. Y el mar estaba solo y solo yo. Uno de los dos faltaba.” / “Y seguiré navegando por mares ajenos hasta naufragar en mi mar.”  / “El árbol está solo, la nube está sola. Todo está solo cuando yo estoy solo.” / “Iría al paraíso, pero con mi infierno; solo, no.” / “Mi soledad, a veces creo que la hace lo que no existe, no lo que me falta. Y tal vez mi soledad no existe y yo la vivo de más.” / “La condenación de un error es otro error.” / Voces reunidas, de Antonio Porchia: clamoreos desplegados en los lamentos del tiempo.  Amén.

https://www.youtube.com/watch?v=OCpEVnoRfTc

Voces reunidas

Autor: Antonio Porchia

Género: Poesía

Editorial: UNAM