Jueves 28.05.2020 - 06:14

Retorno de Electra, de Enriqueta Ochoa VS. Covid-19

Resumen de noticias en los embates del Covid-19
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¿Qué pasará en el mundo después de todo esto? ¿Qué pasará en el tiempo después de estos tiempos? Confieso que me paso todo el tiempo mirando al cielo. No me importa que me acusen de redicho: ante el dolor uno recurre a la presunción. Leo a Quevedo. Leo a Bonifaz Nuño. Leo a mi amor de siempre: Reinaldo Arenas. Leo a Clara Janés. Leo a Juarroz. Leo a Giovanni Pozzi. Leo a Emily Dickinson. Leo a Antonio Gamoneda. Leo a Gonzalo Rojas. Leo a Paz. Leo y lloro leyendo a Enriqueta Ochoa: “Amanecen los días entumidos / en aguas de silencios.”

Retorno de Electra (Diógenes, Segunda Lecturas/Serie Mexicanas, SEP, 1987), de Enriqueta Ochoa  (Torreón, Coahuila, 2 de mayo, 1928-Ciudad de México, 1 de diciembre, 2008), poemario que me salvó la vida en el año 1988 cuando yo era ‘indocumentado’ en la ciudad más poblada del planeta y dormía cada noche en un lugar distinto. Descubrí los versos de Enriqueta Ochoa: la noche se prolongó: mi estancia en el mundo fue un despliegue, me abrigué en la orfandad. Herido, sin casa ni patio; sin numerario ni túnica; sin alforja ni sueño  —cuando no entendía “mi destino de perro castigado”— llegó la voz de Enriqueta y cantó para mí: “¿Para qué este ir y venir? / Quién sabe en qué rincón se encontrará la aurora, / y qué santo, o qué idiota / nos vaciara un día equis la cabeza; / y el sueño de un buen Dios / y la tiniebla amorfa / se borrarán de golpe / al entrar a ese ojo que nos acecha fijo, / y al que nos vamos todos / a la señal de un tiempo”.

Ahora, regreso a Enriqueta. Ahora, más que nunca la necesito. Ahora que mi soledad se desborda: ahora que el insomnio y su corriente me acorralan. Ahora que el conjuro es un borbotón caliente y la noche no cesa en sus ardores. Los crespones de las estrofas de Enriqueta se enredan en el aguardo. Órbitas del alma en estos incidentes que fluyen agazapados en esferas recubiertas por una brasa de invocaciones. “Asoma el sol, / bosteza la luz, desperezándose, / y el día se echa a andar / con su nombre de vidrio. // Sosegado, / a la sombra del verano, / el silencio teje su pudor. / En el cauce donde ayer se ahogaba la arena, / hoy se hospeda el aroma del amanecer”. / Nunca olvido como leí estos cánticos a una muchacha que venía de la guerra con los ojos desbordados, a quien le dije un día: “Todo lo que se puede amar lo amé contigo, /en tu sangre arraigué, / lo moriré contigo”.

Ayer no quise escuchar los reportes oficiales ni los decretos ni las indicaciones. Ayer el sol entraba prudente y subrepticio por las rendijas del encierro y me quedé frente a “la rueda del azogue”: allí estaba Enriqueta en los despedazos de la irradiación, en los bordes de “la embestida cáustica del mundo”: Allí el “viento empujando mi maltrecha barca. / Todo gira en el aire, / todo cae en pedazos. / ¿Cómo afrontar  sin lágrimas, tu entrada al vértigo terrestre?” / Y lloré —lo confieso—: perdón por tantas pretensiones. Si la palabra  nombra la esencia: mis lágrimas son sustantivas y no necesitan calificaciones. Lloro en medio de la desgarradura de Bach. Lloro en las ascensiones del saxofón de Paquito D’Rivera. Lloro. Confirmo que “somos pastos donde la luz madura”. Testigos. ¿Habrá un después, después de esta zozobra?

https://www.youtube.com/watch?v=5N65WVKGKUs

Retorno de Electra

Autor: Enriqueta Ochoa

Género: Poesía

Editorial: SEP, 1987