El herido Insabi y los tiburones panistas

SOBRE LA MARCHA

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El Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) apenas nació y ya sufre; tiene complicaciones de alto riesgo. La muerte del Seguro Popular fue el resultado de una breve vida llena de buenas intenciones, pero plagada de robos y corruptelas. Miles de millones de pesos se extraviaron. Se los robaron.

Pero justo en el exceso de voluntarismo combinado con una deficiente instrumentación administrativa, financiera, normativa, técnica y legal, estriba el estrés político alrededor del naciente Insabi.

Durante el fin de semana en distintos foros, exdirectores del Seguro Popular defendieron una instancia pública creada para dar cobertura a los excluidos del IMSS e ISSSTE. Su diseño impedía la gratuidad, exigía aportar inscripción y cuotas, pero redujo de 42.8 millones a 20.2 millones el número de beneficiarios sin acceso a servicios médicos integrales entre 2008 y 2018.

Ahora, todas las personas en el país sin seguridad social tienen derecho a recibir gratuitamente servicios públicos de salud, medicamentos y demás insumos asociados. Ya no se requiere afiliación. La atención incluye medicamentos, análisis, estudios, diagnósticos clínicos, intervenciones quirúrgicas y hospitalización en su caso, todo de manera gratuita, presume la publicidad del Insabi.

Pervive la sabiduría popular: “nada en esta vida es gratis, lo único cierto es que existen distintas formas de pagar” y para que el Insabi cumpla lo ofrecido, las finanzas públicas buscan nuevos canales de fondeo ya que los frutos obtenidos en el combate a la corrupción y la austeridad republicana, no alcanzan y el sobreexplotado fondo para eventos catastróficos es finito; así que a falta de aportaciones por parte de beneficiarios, el país deberá reformar el etiquetado fiscal para dar dinero a la nueva institución.

Que al frente del Insabi el Presidente haya colocado a su paisano y arqueólogo Juan Antonio Ferrer, sirvió para que sus opositores descalifiquen desde la punta la solidez del Insabi. A Ferrer, como a otros cercanos al mandatario, lo defiende su honestidad; en todo caso habrá que esperar a que el Insabi salga de la incubadora política para entonces juzgar por aciertos o yerros al especialista en ruinas y vestigios, no en obras administrativas-médicas por construir.

Mientras tanto, los gobernadores panistas una vez más se montan sobre la ola del malestar social, por demás legítimo y atendible, que el deficiente arranque del Insabi está provocando. La gravedad que implica la desatención médica, la falta de surtimiento medicinal, así como los cobros indebidos y repentinos de cuotas a pacientes atrapados en el limbo entre el Seguro Popular y el Insabi, son caldo de cultivo para que los grillos profesionales construyan no soluciones, sino nuevos escollos para su alumbramiento.

El Presidente López Obrador da la cara por el fantasmal secretario de Salud y el atareado director del Insabi, atiende lo que puede y promete lo necesario a los enfermos que sufren; mientras tanto, los gobernadores azules diseñan estrategias legales para torpedear un proyecto insignia (por necesario) ahora que literalmente, huelen sangre.

Carlos Urdiales

Carlos Urdiales

Chilango desde 1964, comunicólogo con aspiraciones periodísticas. Formado en la radio informativa, madurado en la televisión y feliz en la prensa impresa. Disfruto el reto de las redes sociales y los nuevos formatos multiplataforma. Nada me deja de asombrar, nada doy por sentado. La compleja realidad, simplifica la vocación que no claudica. Gracias siempre por leer.
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