Centroamericanos atraídos por “la esperanza de México”

Códice Maya contra Manifiesto Comunista
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En migración se distinguen factores de expulsión y de atracción. En Honduras sobraban los primeros desde hace años. 62% de la población vive con menos de tres dólares al día.

El hambre, ligada a sequías y plagas, como la roya del cafeto, es una de las principales causas de la migración desde ese país y Guatemala, según varios expertos y organismos especializados de la ONU. Los registros de deportaciones desde México y Estados Unidos destacan razones económicas en general para migrar. A su vez, los científicos sociales que hacen entrevistas en los albergues para migrantes creen que la violencia es la principal causa de expulsión: Honduras y El Salvador son de los países más peligrosos del mundo por número de homicidios.

Pero lo que es nuevo en el otoño de 2018 no es un factor de expulsión, sino de atracción. Al 24 de octubre habían sido recibidas 1,699 solicitudes de refugio en México de participantes de la caravana. Otros se dirigen a Estados Unidos. Van en grupo, con una determinación política que no tenían en años recientes. La red Migrantólogos escribió el 19 de octubre en Twitter: “Si quieres realmente ayudar a la gente visibilizando la migración, buscas aliados, momentos apropiados, condiciones óptimas, no lo haces cuando el mayor beneficiado será TRUMP a semanas de la elección intermedia en su país”.

El factor de atracción que hasta ahora ha sido desestimado es el cambio de gobierno en México. La próxima administración morenista ha dejado ver que no le hará el trabajo sucio a Estados Unidos. López Obrador ha declarado que negociará con Trump la ayuda para el desarrollo en Centroamérica. Y los migrantes son agentes racionales que tienen expectativas; de modo que el triunfo de la izquierda también los entusiasmó. Todos los que han migrado alguna vez saben que los que planean partir recaban información del lugar de destino. Los pobres tienen sus propias fuentes de información (las iglesias, las organizaciones civiles, las redes familiares). Muchos centroamericanos reciben remesas del exterior, lo que significa que están conectados trasnacionalmente. Pobre no significa ser tonto ni aislado.

Si Trump ha buscado espantar la migración, las propuestas de AMLO la animan. Tiene razón en guiarse por convicciones en torno a la solidaridad latinoamericana; pero, siguiendo a Weber, todo político debe sumar a sus valores la responsabilidad por la consecuencia de sus acciones. Hoy las caravanas comprenden a unos cuantos miles de migrantes de Centroamérica, pero podrían alcanzar 3.9 millones en 30 años. La hospitalidad deberá armonizarse con la sustentabilidad ambiental. Lo responsable será elegir lugares de acogida adecuados. Por ejemplo, no debemos sobrecargar con migración regiones vulnerables, como la cuenca del Usumacinta, sino zonas ya alteradas ambientalmente, como aconseja Julia Carabias. No se ha enterado de ello Peña Nieto, pues exige que los refugiados permanezcan en Chiapas y Oaxaca. ¿AMLO sí lo entenderá?