Colombia revive el terror

Trump contra la ciencia
Por:
  • montserrats-columnista

Tras el atentado terrorista que dejó una veintena de muertos e incontables heridos, el ELN —la última guerrilla activa en Colombia— ha trastocado las esperanzas de paz de un pueblo que ya ha sufrido décadas de crímenes sin sentido. Este golpe derriba las piezas del complicado juego diplomático que el expresidente Santos planteó al sentarse a dialogar con grupos como Las FARC, para lograr que dejaran las armas a cambio de representación política.

En plena controversia por las concesiones hechas a cambio de la deposición de las armas, el diálogo se ha dado por terminado por el actual presidente, al correr la sangre de los jóvenes cadetes.

El ELN lleva desde mediados de los sesenta en activo, teniendo como principal objetivo las instalaciones energéticas del país y aderezando su accionar con secuestros y asesinatos. Actualmente, lejos de su ideología originaria, se le vincula con los grupos criminales que luchan por el control de la producción y el tráfico de drogas.

La dificultad que enfrentó Santos y que ahora Iván Duque argumenta para declarar nuevamente las hostilidades, tiene que ver con esta transformación del grupo armado. Al no haber ya ideales, no hay plataforma de negociación. Ya no es una guerrilla como tal, es un grupo armado dedicado al crimen organizado. Es una hidra de mil cabezas, con mandos vaporosos y con voces propias que no ostenta una bandera en particular.

Duque ha sido claro al afirmar que este ataque cierra la posibilidad del diálogo por falta de voluntad del ELN. Condiciona la apertura de las mesas a que el grupo libere a las personas que tiene aún secuestradas y a que cese toda actividad delictiva. Mientras tanto, ha reactivado las tarjetas rojas de la Interpol para búsqueda y captura de sus cabecillas. Se sabe que varios operan desde Venezuela –que por la relación con Maduro, Duque sabe que es caso perdido – y algunos de ellos se encuentran en La Habana, puesto que ahí se daban las negociaciones de paz. El presidente ha pedido al gobierno cubano su captura, poniendo a la isla en un predicamento diplomático.

Mientras tanto, la sociedad colombiana marchó este domingo pidiendo la paz. En un evento que fue politizado por el presidente, se logró una imagen de unidad casi total. El gran ausente fue el excandidato presidencial Gustavo Petro, que reprochó públicamente la actitud de Duque afirmando que era abrirle la puerta nuevamente a la guerra cuando lo que se necesitaba era dialogar para lograr la paz.

Petro acusa a Duque de elegir la guerra en una jugada política que aprovecha la dolorosa coyuntura. Sí, creo que se debe preferir el diálogo a la confrontación, pero yo no veo más que a un bando sentado a la mesa. El ELN no tiene intención de parar. Ojalá no sea así.