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Arturo Damm Arnal

Autonomía, ¿por qué?

PESOS Y CONTRAPESOS

Arturo Damm Arnal
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Que un banco central sea autónomo, como es el caso del Banco de México, quiere decir que ningún poder, comenzando por el Ejecutivo Federal, puede obligarlo a producir dinero y dárselo para que lo gaste, lo cual, más allá de cierto límite, al que por cierto se llega muy pronto, genera inflación, entendida como el alza del Índice Nacional de Precios al Consumidor.

Si el banco central produce dinero y se lo da al gobierno para que lo gaste, éste aumenta su demanda por bienes y servicios, y si éste aumento en la demanda no se compensa con un incremento en la oferta el resultado es el alza de precios, la inflación.

El problema es doble.

Primero. Aumentar la demanda de bienes y servicios, incrementando el gasto del gobierno, financiándolo con producción de dinero, es fácil. No lo es aumentar la oferta de bienes y servicios que, si no se tiene capacidad productora ociosa, requiere de inversiones directas, que incrementen la capacidad de producción (instalaciones, maquinaria, equipo, mano de obra, etc.), lo cual toma tiempo. Es más fácil aumentar la demanda que la oferta.

Segundo. Recurrir a la producción de dinero para financiar, si no todo, sí una parte del gasto del gobierno, tiene, para los gobernantes, una ventaja: pueden gastar más sin tener que aumentar impuestos y sin tener que endeudarse más, lo cual resulta especialmente atractivo en las democracias, en las cuales el voto puede depender de cuánto gaste el gobierno en beneficio de los ciudadanos, a quienes les conviene que se gaste más a su favor sin que se les cobren más impuestos. El financiar parte del gasto del gobierno con producción de dinero crea adicción (sin olvidar que también genera inflación y, por ello, la pérdida en el poder adquisitivo del dinero, que afecta más a quienes menos ingreso generan).

Que un banco central sea autónomo quiere decir, entre otras cosas, que la producción de dinero (¿cuánto?), se decide en función de algún objetivo propio de política monetaria, como debe ser, por lo menos, preservar el poder adquisitivo del dinero. Que un banco central no sea autónomo quiere decir, entre otras cosas, que la producción de dinero puede decidirse en función de las necesidades de gasto del gobierno que, sobre todo en las democracias, tienden a ser ilimitadas, momento de recordar que si el banco central produce dinero y se lo da al gobierno para que lo gaste, éste aumenta su demanda de bienes y servicios, y si éste aumento en la demanda no se compensa con un incremento en la oferta el resultado es el alza de precios, la inflación, la pérdida en el poder adquisitivo del dinero y, desde el momento en el que el trabajo se paga con dinero, también la pérdida en el poder adquisitivo del trabajo.

Los bancos centrales deben ser autónomos. El Banco de México no es la excepción.