Avatar del Arturo Damm Arnal

Arturo Damm Arnal

De la contrarreforma (5/5)

PESOS Y CONTRAPESOS

Arturo Damm Arnal
Arturo Damm Arnal 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Arturo Damm Arnal

El afán de lucro es lo que motiva a los empresarios, dueños de empresas privadas. La intención de beneficio social es lo que motiva a los políticos, administradores de empresas gubernamentales.

El afán de lucro se traduce en la intención de maximizar utilidades, en beneficio del empresario, para lo cual debe venderse al mayor posible, que es el máximo que el consumidor está dispuesto a pagar.

La intención de beneficio social se traduce en el propósito de ofrecer al menor precio posible, en beneficio de los consumidores, para lo cual debe venderse al menor precio posible, que es el que alcanza para cubrir los costos de producción.

El afán de lucro es lo que motiva a los dueños de las empresas privadas, los empresarios. La intención de beneficio social, ¿es lo que motiva a los administradores de empresas gubernamentales, los burócratas? Recordemos la Teoría de la Opción Pública, cuyo principal representante es James M. Buchanan, premio Nobel de Economía 1986, cuya tesis central es que los agentes políticos son movidos por el mismo impulso que los agentes económicos: el interés propio, que en el caso de los agentes políticos no tiene que coincidir con el interés, ni de quienes votaron por ellos, ni de la mayoría, ni de la totalidad de los ciudadanos.

Se supone que una empresa del gobierno se mueve, no por el afán de lucro, sino por la intención de beneficio social, para lo cual debe ofrecer lo que produce al menor precio posible, el que alcanza para cubrir el costo de producción. Para que ese precio sea el menor posible, el costo de producción debe ser, también, el menor posible, para lo cual se necesita que la productividad, la capacidad para hacer más con menos, sea la mayor posible: mayor productividad = menores costos de producción = menores precios = mayor bienestar para los consumidores.

¿Cuántos incentivos tienen los empresarios, dueños de empresas privadas, para volverse más productivos, capaces de reducir sus costos de producción? Todos porque, ceteris paribus, si reducen sus costos de producción aumentan sus utilidades, que son las remuneraciones propias del empresario.

¿Cuántos incentivos tienen los burócratas, administradores de empresas gubernamentales, para volverse más productivos, capaces de reducir sus costos de producción? Muy probablemente ninguno porque, si reducen sus costos de producción, ellos no reciben ningún beneficio, mucho menos como utilidades. Pero para poder ofrecer al menor precio posible, según la intención de beneficio social que se supone anima a las empresas del gobierno, deben reducir lo más posible sus costos de producción. Si no lo logran pueden caer en la tentación, dado que allí está el gobierno para otorgarlo, de recurrir al subsidio para ofrecer a un precio menor a su costo de producción.