Jueves 3.12.2020 - 19:50

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Arturo Damm Arnal

Plan de infraestructura, ¿confianza?

PESOS Y CONTRAPESOS

Arturo Damm Arnal
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Al final de cuentas no se trató de un programa de reactivación económica, sino de una serie de proyectos de inversiones en obras de infraestructura que distan mucho de ser EL programa de reactivación económica que necesitamos, no solo para superar las presiones recesivas generadas por la 4T y el Covid 19, sino para superar los mediocres resultados que, en materia de crecimiento económico, hemos tenido desde 1982, año en el que perdimos el crecimiento elevado y sostenido de la economía, medido por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, el Producto Interno Bruto, el PIB, relacionado con la creación de empleos y la generación de ingresos.

Entre 1934 y 1981 el crecimiento promedio anual del PIB fue 6.16 por ciento: máximo 11.01 en 1964, mínimo 0.32 en 1953. Entre 1982, año en el que perdimos el crecimiento elevado y sostenido, y 2019, año en el que no lo habíamos recuperado, la economía mexicana creció, en promedio anual, 2.14 por ciento: máximo 6.85 por ciento en 1997, mínimo menos 6.29 en 1995. Para 2020 se espera, según los resultados de la encuesta de septiembre que el Banco de México levantó entre los principales economistas del sector privado, que la economía decrezca 9.82 por ciento y, para los próximos diez años, de 2021 a 2031, se espera un crecimiento promedio anual de 1.95 por ciento, 19 centésimas de punto porcentual por debajo del promedio del 2.14 por ciento de los últimos 38 años, 19 centésimas de punto porcentual equivalentes a 8.88 por ciento.

Lo que se presentó ayer no fue EL programa de reactivación económica que se requiere, sino un plan de inversión en infraestructura (que, dicho sea de paso, estaba pendiente desde noviembre del año pasado), que ayudará a la reactivación de la economía, pero que de ninguna manera corresponde al que debe ser EL programa de reactivación económica, cuyo primer objetivo debe ser restablecer la confianza de los empresarios para que inviertan directamente más, mucho más, de lo que han invertido desde que se canceló, por obra y gracia de una consulta popular, la Construcción del NAICM en Texcoco. Para recobrar la confianza de los empresarios el gobierno debe, ¡por lo menos!, comprometerse a no volver a recurrir a consultas populares para decidir el futuro de inversiones directas, ya sea en aeropuertos, en plantas cerveceras, en fábricas de fertilizantes, y las que pudieran darse.

El plan de inversiones en infraestructura anunciado ayer, ¿logrará recuperar la confianza de los empresarios para invertir directamente más en México? La respuesta la tendremos el martes 3 de noviembre cuando el Inegi dé a conocer el Indicador de Confianza Empresarial para octubre. Si el índice se ubica al nivel que tenía antes de la cancelación del NAICM la respuesta será afirmativa. ¿Será? Lo dudo mucho.