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Arturo Vieyra

Paquete Económico 2021: austeridad y optimismo

BRÚJULA ECONÓMICA

Arturo Vieyra Fernández
Arturo Vieyra
Por:

La semana pasada, el Ejecutivo presentó al Congreso el Paquete Económico 2021, que consta de los Criterios Generales de Política Económica, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación. Son, sin duda, los documentos más importantes sobre política pública que presenta el gobierno en el año. En ellos, a través de la proyección de los ingresos y gastos, se plasma la estrategia económica para la promoción del crecimiento y, principalmente, la política para incrementar el bienestar y disminuir la desigualdad social.

La programación del presupuesto debe partir de dos premisas fundamentales. La primera, el marco macroeconómico (bajo el que subyacen los pronósticos de crecimiento económico, precio y producción de petróleo y otras variables, como el tipo de cambio y la tasa de interés), que a su vez implica -en ausencia de modificaciones al marco fiscal vigente-, la estimación sobre los ingresos públicos que, sumado a las decisiones de endeudamiento y tamaño del déficit público, finalmente definirán el monto del gasto.

La manera en la que se ejerce el gasto define las prioridades del gobierno tanto en términos de crecimiento como de bienestar social, refleja directamente la orientación de la política económica y prioridades del gobierno, no sólo en materia económica y social, sino incluso, también política.

La definición del Paquete Económico para el 2021 tiene tres elementos que vale la pena mencionar por debilidad implícita que conllevan y porque definen la naturaleza de la política económica del actual gobierno. El primero se refiere al hecho de que hay, desde mi punto de vista, mucho optimismo en las estimaciones económicas, particularmente las de crecimiento del PIB (4.6%) y de la producción petrolera (1.86 millones de barriles diarios versus 1.65 millones que se produjeron en julio).

Un segundo elemento importante se refiere a la firme decisión del gobierno de mantener la disciplina fiscal. Se plantea reducir el déficit público amplio hasta 3.4% del PIB en 2021 desde un estimado de 4.7% en este año. Asimismo, se pretende reducir la deuda pública hasta 52.4% del PIB desde 53.6%.

Si bien establecer metas ambiciosas no es cuestionable, que sean poco factibles si lo es. Si no se alcanza el crecimiento económico y la producción petrolera deseadas, los ingresos públicos (tributarios y petroleros) serán menores a los programados y, las metas en materia de gasto deberán ajustarse, o bien, recurrir a un mayor endeudamiento mutilando el objetivo de disciplina fiscal. Es en este sentido, que el paquete económico presenta cierta vulnerabilidad. A la fecha son pocos los analistas que consideran que las proyecciones económicas son alcanzables.

Finalmente, el tercer elemento se refiere a la orientación del gasto. En línea con el planteamiento de austeridad, no se prevé para 2021 un gasto mayor a que se estima será ejercido en este año. Así, bajo esta convicción, las erogaciones se destinarán en fortalecer los pilares de la 4T: seguridad social, salud y fortalecimiento del sector energético.

Se presenta de esta forma un paquete económico que es consistente con la estrategia de la actual administración. Sin embargo, el dilema entre los objetivos de promoción social y disciplina fiscal saltan a la vista en los documentos oficiales. Temas para discutir a fondo en el Congreso.