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Arturo Vieyra

Problemas sin resolver

BRÚJULA ECONÓMICA

Arturo Vieyra Fernández
Arturo Vieyra
Por:
  • Arturo Vieyra

Existe entre analistas y autoridades la perspectiva favorable de un fuerte crecimiento del PIB que en este año será cercano al 5%. Ello, sumado al proceso de recuperación productiva que muestra ya evidente fortaleza, son factores que aminoran las preocupaciones sobre el desempeño de la economía mexicana. No obstante, considero que, a pesar del optimismo general, hay tres variables que todavía distan mucho de favorecer una visión positiva: la inflación, el consumo y, principalmente, la inversión.

Comenzando por la inflación, hay que destacar que, a pesar del argumento de que el reciente rebrote de los precios al consumidor —que llevo la tasa anual a más de 6% en abril—, se debe a factores temporales y, por tanto, observaremos una menor tasa de inflación en los próximos meses, no es todavía claro que descienda a los niveles esperados por la autoridad monetaria (3.6% en el último trimestre del año), por el contrario, las expectativas de los analistas señalan que la inflación podría alcanzar una tasa más bien cercana al 5%, inaceptable para Banxico.

En este sentido, la mayor inflación no sólo responde a factores temporales (como la baja base de comparación), sino que también estamos en presencia de presiones que pueden acrecentarse y obligar a Banxico a ser más restrictivo en su política monetaria y apoyar menos al crecimiento económico.

En segundo término, está la insuficiente recuperación del consumo de las familias. Llama la atención de que en febrero mientras la economía en su conjunto se encuentra 4.0% abajo del nivel de febrero del año pasado, el consumo tiene un rezago mucho al mostrar en el mismo mes un nivel 6.5% menor al de hace un año. Incluso, recién publicadas por el Inegi, señalan que se redujo respecto a enero.

Llama la atención de que esta exigua reactivación del consumo contrasta con el apoyo proveniente de las remesas crecientes y de los apoyos gubernamentales vía programas sociales, que al parecer son insuficientes para contrarrestar la falta de un mayor dinamismo en la generación de empleos y, más recientemente, la mayor inflación que reduce el poder adquisitivo de los trabajadores.

El tercer punto, quizá el más preocupante se ubica en la falta de inversión productiva. Si bien cifras de febrero muestran una reactivación importante en ese mes, su nivel está 3.5% por debajo del año pasado —parecido al de la economía en su conjunto—, pero este dato es malo, la inversión para sostener el crecimiento y el empleo debe crecer sensiblemente más que el PIB. En particular, la inversión en construcción está muy deprimida (-6.7% menor al nivel de 2020).

Esta crítica situación de la inversión se viene arrastrando por años, en los últimos cinco años. Medida como porcentaje del PIB, la inversión ha perdido más de cuatro puntos porcentuales (17% del PIB en 2020). Ello ha venido dañando la infraestructura y productividad del país y, por consiguiente, la capacidad de crecimiento y de generación de empleos.

Problemas serios y preocupantes que especialmente en el caso de la inversión, llevará años recuperar lo perdido, se requieren propuestas de solución viables que, por cierto, no se escuchan en el actual debate (¿debate?) de campañas por ganar la elección más grande de la historia de México.