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Arturo Vieyra

La recuperación en perspectiva

BRÚJULA ECONÓMICA

Arturo Vieyra Fernández
Arturo Vieyra
Por:

La crisis económica global tendrá consecuencias devastadoras sobre prácticamente todos los países del orbe. La acentuada caída de la producción mundial, en algunos países con mayor fuerza que en otros, implica la destrucción de una gran cantidad de empresas y la drástica caída de la demanda para muchas otras que logren sobrevivir, desafortunadamente se traducirá en la pérdida de millones de empleos y el consiguiente incremento de la pobreza para un segmento considerable de la población mundial.

Por ello, más allá de razonamientos ideológicos, resulta fundamental medir los impactos que sobre la economía y la sociedad mexicanas tiene la actual crisis. El deterioro no es menor, amortiguarlo resulta una prioridad para evitar más años de retroceso.

Sólo para tener una idea aproximada del daño económico generado por las crisis de salud y económica, considere que en este año la economía sufrirá la peor caída del PIB en los últimos casi cien años, ya sea en la perspectiva del gobierno (-8%), o en la de los analistas financieros (-10%). Bajo cualquier escenario, la recuperación de los niveles previos a la crisis difícilmente puede ser corta.

Aun con las estimaciones oficiales que anticipan de una salida en “V” de la crisis, y el escenario de una recuperación del 4% el año siguiente, no se logrará recuperar los niveles de producción nacional en sólo dos años. Será en el mejor de los casos —donde se retome el histórico y tradicional crecimiento de 2%—, hasta 2024 cuando este objetivo se alcance. Más dramático es el caso cuando se considera el PIB per cápita o por persona, cuya recuperación podría llevar hasta una década. El reto es enorme.

Es verdad que los esfuerzos del actual régimen por proteger a los segmentos más vulnerables de la sociedad, a través de los programas sociales de gran calado que ahora se instrumentan, pueden evitar un escenario mucho menos catastrófico en el que se estima un incremento en el número de pobres en el país de 10 millones de personas, a la vez que los esfuerzos por eliminar la corrupción pueden llevar a una mayor efectividad y eficiencia en la distribución de estos recursos. Empero, sin crecimiento económico mejorar sustancialmente las condiciones de pobreza no será posible. No es factible mejorar el bienestar repartiendo cada vez menos.

Recobrar lo perdido implicará un esfuerzo importante y, en especial, de una estrategia con miras de mediano y largo plazo que logre incentivar de nueva cuenta elementos tan importantes como la productividad del capital y del trabajo, la confianza de los agentes económicos —en especial de la inversión privada— y mayor cobertura de los segmentos sociales más desprotegidos.

En general, se debe encauzar el camino hacia una mayor competitividad del desempeño económico y, el consiguiente mayor bienestar social. Metas que, más allá de los lugares comunes, exigen un alto grado de eficiencia de las políticas públicas para lograr un mayor y mejor crecimiento. No hay forma de superar este enorme bache en la economía mundial, especialmente en la mexicana, sin una visión de eficiencia, integradora y colaboración de todos los agentes económicos que participan en la producción. La solución está en manos de todos.