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Bernardo Bolaños

Crece la oposición al Tren Maya

ANTROPOCENO

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El secretario de Medio Ambiente, Víctor Manuel Toledo, se enfrenta a dos fuegos: dentro y fuera de la 4T. Adentro, los promotores más entusiastas del Tren Maya y de otros megaproyectos, creen que el doctor los obstaculiza. Quieren el desarrollo del sureste a la vieja usanza: turismo de masas y jugosos contratos para la industria donde hoy todavía sobreviven comunidades tradicionales. Pero Toledo sólo aplica la ley, con sus tiempos obligatorios: evaluaciones de impacto ambiental, permisos de uso de suelo y consultas indígenas.

Por otro lado, fuera de la 4T, movimientos sociales y ambientalistas rechazan la imposición del tren y alertan sobre el riesgo que corren sociedad y ecosistemas.

¿Qué riesgos? Una muestra: Bacalar, la laguna de los siete colores, está condenada a muerte porque, con una ocupación hotelera superior al 85% todo el año, necesitaba un plan de rescate urgente, pero el Gobierno federal decide explotarla aún más. Van a agotar su frágil encanto en una generación, como lo haría un proxeneta con una bella jovencita forzada a vender su cuerpo 10 horas al día y morirse a los 30 años.

Otro ejemplo: Calakmul, reserva de la biósfera que ya enfrenta sequías y lluvias atípicas y extremas (véanse las investigaciones de Sofía Mardero y de Birgit Schmook de Ecosur). Ahora Calakmul también debe defenderse de un gran gusano humeante a diésel. Los pasos de fauna previstos, alertan los científicos, no son suficientes para proteger a los animales.

Algunos de estos ecocidios podrían prevenirse si los planes del Gobierno se ajustan a la ley y se retroalimentan mediante auténtica participación ciudadana. Por ejemplo, garantizando desde la Presidencia que se harán ordenamientos ecológicos participativos en cada uno de los 18 “polos de desarrollo” del Tren.

El problema es que AMLO no reacciona ante ninguna crítica, ni en este tema, ni en el del cubrebocas o las energías renovables. Pero si Toledo es orillado a renunciar, por la presión del ala modernizadora y desarrollista de la 4T, de todos modos los críticos exigirán que se cumpla la ley mediante amparos.

Y los opositores al Tren Maya ya son legión. En las consultas públicas están interviniendo personalidades de mucho prestigio. Incluso la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, donde participaban Toledo y Elena Álvarez-Buylla, presentó críticas muy serias al proyecto.

Desgraciadamente, cuando grupos indígenas, antiguos funcionarios del sector ambiental y ONG denuncian los ecocidios por venir, Toledo a veces reacciona siguiendo a Julio César: “divide y vencerás”. Aunque esté tan ocupado se toma el tiempo de redactar artículos contra organizaciones de colegas que comercializan mariposas como estrategia de conservación de la selva (Costa Rica también lo hace y es un país modelo en materia ambiental). Toledo rechaza el ecoturismo si lo apoya Julia Carabias, pero cuando beneficia a organizaciones que él aprecia, decide que es “turismo alternativo que hay que apoyar”.

Pero, antes que sumarme a la división, parafraseo a dos clásicos: “¡Ambientalistas del mundo, uníos!”.