Lunes 19.04.2021 - 08:05

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Bernardo Bolaños

Dos infartos y una reforma eléctrica al vapor

ANTROPOCENO

Bernardo Bolaños
Bernardo BolañosLa Razón de México.
Por:
  • Bernardo Bolaños

La resistencia que hiciera Andrés Manuel López Obrador contra la reforma energética del 2013, es lo que “casi lo mata de un infarto”, aseguró el diputado Fernández Noroña desde la tribuna, durante la discusión de la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica.

Las fechas coinciden porque AMLO sufrió el ataque al corazón, precisamente cuando su movimiento realizaba un cerco al Senado por la inminencia de esas enmiendas constitucionales. Que el hoy Presidente se tomara tan a pecho las reformas a Pemex y a la CFE es creíble, mientras que otras banderas de su larga marcha política, parecen haber sido más bien posturas retóricas para conquistar el poder (como el regresar el Ejército a los cuarteles o transparentar el uso del dinero público). AMLO tiene un apego muy grande por las empresas del Estado, tanto que, en aras de salvarlas, es capaz de descobijar otras responsabilidades, en particular la preservación de un medio ambiente sano.

El único Premio Nobel de ciencia que ha tenido México, el doctor Mario Molina, también sufrió un infarto; pero en su caso, fatal, el 7 de octubre del 2020. Ocurrió poco después de que denunciara el retroceso que significa generar electricidad con combustóleo, desecho altamente contaminante producto de los procesos de refinación. El doctor Molina, que dedicó su vida a la química atmosférica, se tomaba muy a pecho la calidad del aire, la amenaza del cambio ambiental global y la transmisión de enfermedades por vía aérea. En todos esos temas, el más grande científico de México fue ninguneado y despreciado por este Gobierno. Pidió inútilmente al Presidente usar cubrebocas. Publicó en una de las mejores revistas científicas del mundo la prueba de que el SARS-COv2 se transmite más allá de dos metros, debido a los aerosoles. ¡Pero el subsecretario López-Gatell respondió que su enfoque era “demasiado macro”!

El Nobel mexicano vio venir la contrarreforma eléctrica con angustia y estrés. Años de lucha para que México aprobara leyes y tratados contra el cambio climático tirados a la basura. Por esa cruzada había suspendido una carrera académica exitosísima en Estados Unidos y regresado a México. Muchos de los senadores que el martes votaron, sin cambiarle ni una coma a la contrarreforma eléctrica, habían recibido y adulado en público al doctor Molina. Detrás de su voto no hubo ciencia, sino desconocimiento y prejuicios. El senador Martí Batres, por ejemplo, sentenció, como leyendo una historieta de Rius: “los particulares no pueden garantizar el bajo costo de la electricidad porque su incentivo es la máxima ganancia”. Desde luego, ignora que las subastas eléctricas premian a los productores que ofrecen el menor precio de la energía. Desconoce que la innovación tecnológica permite abatir costos y armonizar intereses. Oculta que, efectivamente, de hecho, la entrada de las renovables bajó los precios en todos los nodos. Cuando Batres vuelva a disfrazarse de político tolerante y preparado, habrá que recordar estos desplantes de marxismo de manual.