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Bernardo Bolaños

Identidad de género, terapias de conversión y guerra de feminismos

ANTROPOCENO

Bernardo Bolaños
Bernardo Bolaños, columnista de La Razón de MéxicoFoto: La Razón de México
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En la Ciudad de México se acaba de aprobar el castigo con cárcel a quien imponga terapias de modificación de la expresión o identidad de género. No sólo para proteger a gays y lesbianas de ser hostigados por su orientación sexual, sino para que se respete a personas trans.

Mientras tanto, en Europa del Este promueven las reformas contrarias. El Senado rumano, con el voto de partidos moderados, como los socialdemócratas, prohíbe en las escuelas “las actividades destinadas a propagar la teoría u opinión de la identidad de género, según la cual el género es un concepto diferente del sexo biológico y los dos no son siempre lo mismo”. Entre allá y acá, en Reino Unido, la escritora J. K. Rowling, autora de Harry Potter, lanza una cruzada en contra del concepto de “identidad de género” opuesto supuestamente al de “sexo”, pero las famosas estrellas de sus películas la enfrentan, se deslindan y declararan: “Las mujeres trans son mujeres”. Curiosamente ambos bandos reivindican el feminismo.

Amigos no especializados en estos temas se sienten perdidos. Preguntan: “¿El debate no era entre los conservadores antiaborto y bodas gay, opuestos a lo que llaman la ‘ideología de género’ y, del otro lado, personas de la diversidad sexual con sus aliados progresistas, como las feministas?”. Trataré de reconstruir parte de la discusión.

Por un lado, están las feministas que enfatizan que no nacemos mujeres y hombres, nos hacemos tales. El género, dicen, es socialmente construido, pero el sexo biológico no es un invento de la sociedad. Es natural nacer con pene o vulva. La intelectual feminista Laura Lecuona cree que las infancias trans son como la moda de los niños índigo, pero con el peligro extra de la medicalización: pues personas trans dependen de grandes laboratorios que les ofrecen hormonas y algunas recurren a cirujanos. De manera bastante rígida y sin empatía, hay feministas radicales que decretan que las mujeres trans son biológicamente hombres, sin diferencia específica.

Algunas feministas radicales temen que ciertas personas trans encarnen al lobo vestido con piel de oveja. Piensan que una persona que aprendió los privilegios de ser varón y que al paso del tiempo cambió su acta de nacimiento a la de mujer, podría no ser aliada sino inquisidora que las criminalice por promover que los niños se reconcilien con sus órganos sexuales de nacimiento (llegando a ser heterosexuales u homosexuales).

Pero las mujeres trans están cansadas de que se cuestione su identidad. Dicen que la anterior posición ignora la complejidad de lo biológico. Si bien existen cromosomas XX y XY que diferencian los sexos, también hay hormonas y desarrollo embrionario que hacen simplista una estricta división binaria entre mujeres que menstrúan y hombres con pene. Más aún, existe la cultura. Cada sociedad admite tipos de persona distintos, como los famosos muxes zapotecas. Poco importa si en Oaxaca fueron o son moda, también son personas con derechos humanos.

He tratado de comprender las dos posiciones y de ser respetuoso.