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Bernardo Bolaños

Patria y las vacunas 100% mexicanas

ANTROPOCENO

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En Brasil, Tailandia, Vietnam y México se anunciaron con bombo y platillo las respectivas vacunas nacionales. Sólo que el diseño de esas cuatro vacunas parte de los mismos descubrimientos de científicos de la escuela de medicina de Monte Sinaí, en Nueva York, y de la Universidad de Texas, en Austin. Fueron éstos los que propusieron usar como vector el virus de la enfermedad de Newcastle y una proteína del SARS-CoV2 transformada en forma de tulipán. Las cuatro vacunas no son, por lo tanto, tan nacionales como parece.

Ahora bien, la colaboración entre Monte Sinaí y el laboratorio Avimex, farmacéutica veterinaria mexicana, inició en 2003. La empresa local ha producido en el pasado millones de dosis basadas en el mismo virus vector. Si tiene tanta experiencia, los 150 millones de pesos que le ha dado el Estado mexicano parecen estar bien colocados.

La frustración de otros equipos de biotecnólogos y vacunólogos de las universidades mexicanas que desde el inicio de la pandemia han sufrido tratando de desarrollar una vacuna nacional son, también, comprensibles. Estos científicos reclaman un aspecto simbólico: el biológico Patria se anunció como 100% mexicano, sin serlo. Según algunos investigadores, apoyarlo no es en estricto sentido un acto de soberanía científica, ni de independencia tecnológica. De hecho, México estaría pagando por evaluar la tecnología extranjera y poniendo a los voluntarios que asumirán el riesgo.

La Dra. Palomares, del Instituto de Biotecnología de la UNAM, compara a la pandemia con una selva: los científicos mexicanos entraron a la jungla con machete, mientras los de Estados Unidos tenían carreteras. Cuando no había ratones de laboratorio porque los proveedores habían cerrado por pandemia, nuestros expertos probaron sus soluciones hasta en la cabra del vecino. Al carecer de condiciones de bioseguridad óptimas, han experimentado usando pseudovirus y otras estrategias ingeniosas. Como ha dicho el Dr. Rafael Bojalil, de la UAM, los laboratorios universitarios mexicanos van retrasados con respecto a las vacunas para la pandemia original, pero si se les apoya pueden llegar a tiempo para las nuevas variantes del virus y para las futuras pandemias. Nada menos para salvar a nuestros hijos. El virus se podría mover hacia los niños. Mientras no vacunemos a los menores, no debemos estar tranquilos.

En resumen: los promotores de Patria tienen razón en que muy pocos países producen vacunas para su población en su propio territorio y que la licencia concedida a México para fabricar este biológico supone que no seremos meros maquiladores de una vacuna ajena. No existen grandes limitaciones de propiedad intelectual porque la investigación de Monte Sinaí y de Texas es relativamente abierta. Por su parte, los investigadores de las universidades mexicanas tienen razón en que urge seguir avanzando en las vacunas concebidas por mexicanos. Ello se justifica, entre otras cosas, porque el valor de la vida de nuestros niños merece no uno, sino varios chalecos salvavidas. ¡Que seamos sus dueños y estén a tiempo!