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Bibiana Belsasso

Cómo confinarse y no separarse en el intento

BAJO SOSPECHA

Bibiana Belsasso
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  • Bibiana Belsasso

Desde que llegó la pandemia por el Covid-19 a México, la rutina de las familias mexicanas se ha visto modificada.

Muchos esposos que se veían pocas horas al día, de repente empezaron a convivir confinados 24 por 7. Todo el día y todos los días.

El índice de divorcios en esta época se ha incrementado de manera dramática. Ocurrió en China y en España, y ese mismo patrón de conducta lo estamos viendo en México.

Y es que muchas personas no estaban acostumbradas a una convivencia permanente e intensa.

Por ejemplo, en Jalisco, el divorcio ha aumentado un 25 por ciento.

Ya antes de la pandemia, según datos del Inegi, en México se presentaban 31.2 divorcios por cada 100 matrimonios; habrá que ver cuál es el resultado ahora que se actualice la cifra.

Incluso la forma de poder divorciarse ha cambiado durante la pandemia; por ejemplo, en la Ciudad de México.

El Poder Judicial de la Ciudad de México aprobó una serie de lineamientos para ejecutar procedimientos por Internet y llevar a cabo audiencias a distancia, tanto en materia civil como familiar.

Pero no sólo la vida de las parejas ha cambiado, sino también la relación con los hijos, al tenerlos en casa todo el día, y a eso hay que sumar muchas veces la relación con los padres y los abuelos.

Muchos hijos ya adultos con sus hijos se han mudado a casa de los padres. Pero con el placer y gusto de los primeros meses de tener a todos en casa de vuelta, también se han ido desgastando las relaciones.

Y mientras intentamos entrar a una nueva normalidad, la vida familiar se tensa.

Un artículo muy interesante publicado en The New York Times explica que para poder tener relaciones sin conflictos es necesario poner límites, ya que después de meses ha llegado el desencanto de convivir todo el día, todos los días de la semana, con varias personas en una vivienda.

Según especialistas, por más que amemos a nuestros seres queridos, hace falta poner límites a la propia familia durante esta etapa de pandemia, para no sufrir un colapso.

De acuerdo con Karen C. L. Anderson, autora de Difficult Mothers, Adult Daughters: A Guide For Separation, Liberation & Inspiration (The New York Times/2020), “A la gente le da miedo fijar límites porque cree que pone en riesgo la relación… Cuando quieres decirle ‘no’ a un ser querido, temes que crea que ese ‘no’ significa que eres mala madre, mala abuela o mala amiga. Imagínate que sólo dices que ‘sí’ para no sentirte culpable después”.

Según John Townsend, psicólogo y coautor del libro Boundaries: When to Say Yes, How to Say No to Take Control of Your Life, “Los límites generan un ambiente para poder mantener el amor y la armonía… crean una estructura organizada dentro de la cual la gente tiene la opción de decir ‘¿puedo vivir con esto, puedo tolerarlo, puedo sentirme en paz y de todas maneras querer a la gente?’”.

El especialista recomienda que cuando nos sintamos abrumados, elaboremos una lista de todas nuestras responsabilidades y luego identifiquemos lo que podemos hacer solos y lo que podemos relegar.

En otro artículo, publicado también por The New York Times, se cuentan algunas historias, sobre este mismo tema, de cómo la gente ha logrado dar ese paso para poner límites.

Las caras de la cuarentena

Millones de familias han tenido que acoplarse para ejecutar múltiples tareas del hogar, trabajo y hasta de la escuela de los hijos.Foto: Cuartoscuro

Y es que poner límites es difícil, pero es muy necesario. Y también es una realidad, que lo que se permitía al momento del inicio de la pandemia era porque se pensaba que serían pocos días; ahora el tiempo se ha convertido en meses.

Una de esas historias, como la de miles de personas en el mundo, es la de la californiana Jenny Lynn, una mujer casada y madre de dos adolescentes.

Jenny, además de vivir el confinamiento con su familia, todos los días ayuda a sus padres divorciados con sus asuntos financieros y cuestiones de salud, “me siento arrastrada por las necesidades de todos y nunca termino… Mi versión de poner límites es tal vez no regresarle la llamada a mi padre de inmediato, si me llama seis veces al día”.

Otro caso es de Jessica Gerber, una asesora de una organización sin fines de lucro, que en cuatro días pasó de estar sola con su pareja en casa a tener seis adultos de tres generaciones. “Nuestros hijos adultos regresaron a nuestro hogar. Mis padres de 87 años también se mudaron… Eso significa que se necesitan 18 comidas al día. Es como administrar una casa de huéspedes”.

Esto le ha pasado a cientos de familias mexicanas. Se han llevado a sus padres a vivir con ellas para que no estén solos y además muchas abuelas se están encargando de sus nietos, mientras éstos estudian en línea o por televisión y sus madres deben trabajar.

Cuidar a los nietos no es una obligación de los abuelos y ahora muchos están empezando a vivirlo así. Y es que la vida se ha complicado, sobre todo ahora que los niños están retomando la escuela de manera virtual y las madres de familia están teniendo que trabajar para sostener a sus hijos.

Los expertos dicen que hay que poner reglas básicas; por ejemplo, repartir las labores del hogar, no hacer ruido cuando otros trabajan o estudian, quién utiliza el baño, quién se encargará de acompañar a los niños en sus actividades escolares, etcétera.

Cada quien debe poner las reglas dependiendo de sus propias necesidades y entender que las necesidades van cambiando y esas reglas se deben de ir actualizando.

Han sido meses de incertidumbre y dolor para millones de personas en todo el mundo.

Han pasado nueve meses y los contagios suman alrededor de 28 millones en todo el orbe; mientras que las muertes están por llegar al millón de personas, de acuerdo con cifras oficiales de cada país, aunque la realidad podría sobrepasar por mucho ese número.

La vida ha cambiado radicalmente y, pese a los esfuerzos por alcanzar una nueva normalidad, el peligro sigue latente, los contagios repuntan, al tiempo que los casos de reinfección por Covid-19 comienzan a surgir en todo el mundo.

Mientras tanto hay que cuidar lo que sí tenemos, que es la familia y a nuestros seres queridos. Si somos claros con la reglas, estamos cuidando ese entorno tan importante en un momento de vida muy complejo.