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Bibiana Belsasso

Lennon y Chapman: matar por amor

BAJO SOSPECHA

Bibiana Belsasso
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Ayer se cumplieron 40 años del asesinato de John Lennon a las puertas del edificio Dakota, en Nueva York. Era entonces muy niña como para comprender la trascendencia de lo que había ocurrido ese día, pero quienes vivieron esa muerte siendo adolescentes o adultos resulta hasta hoy casi imposible que no recuerden exactamente dónde estaban cuando se enteraron de la muerte de Lennon.

Es verdad que al exintegrante de los Beatles lo seguía el FBI desde principios de los 70 porque lo veían como un peligro para el establishment: hay un documental extraordinario sobre el tema, The U. S. vs. John Lennon, donde los directores David Leaf y John Scheinfeld abordan la persecución que sufrió Lennon por parte del FBI y el presidente Richard Nixon. Pero también que su época más politizada, donde se lo vio incluso cerca de los Panteras Negras y otros grupos radicales, ya había pasado. Como explica Scheinfeld, uno de los directores del documental, Lennon fue "ingenuo" con el FBI, ya que "él creía en el sueño americano y no esperaba tal persecución" por parte de la agencia gubernamental. Una inocencia que se repitió con los movimientos universitarios radicales en Estados Unidos que lo "utilizaron" porque Lennon, políticamente, era un “idealista” y "prefería pensar en las cosas como deberían ser y no cómo eran".

Ése era precisamente parte de su atractivo personal, que lo hacía cercano e indescifrable para muchos, tanto como su estrechísima relación con Yoko Ono. Pero su muerte no tuvo nada que ver con esas persecuciones: fue el fruto de una mente desquiciada que quería matar a Lennon para tener trascendencia y que era un ferviente fanático del músico.

David Chapman, el asesino, provenía de un hogar con un padre abusador, y era un niño y luego, un joven que sufrió también abuso escolar. Ya a los 14 años era un consumidor habitual de marihuana, cocaína, LSD y mezcalina.

Terminando la escuela se convirtió al cristianismo y comenzó a trabajar como consejero de campamento de verano de YMCA. Ganó un premio al mejor consejero y fue nombrado asistente del director. Allí leyó por primera vez el libro que marcaría su vida, Un guardián entre el centeno, de J. D. Salinger. Se identificó tanto con la historia y su principal personaje, Holden Caulfield, que comenzó a modelar su vida como la de Holden, un joven solitario, expulsado de varias escuelas, y que consideraba que la gente en general era falsa. La novela, con enorme influencia desde los años 50 en Estados Unidos, retrata los conflictos en la adolescencia, incluyendo la sexualidad y el acoso.

Preludio de una tragedia

Paul Goresh, un fotógrafo aficionado, captó esta imagen de Lennon autografiando un disco para David Chapman, unas horas antes de que éste último asesinara al cantante.Foto: Especial

En 1979, Chapman comenzó también a beber y a tener alucinaciones, estaba obsesionado con su libro y con el propio Lennon. Escribió una carta a fines del 79 a una amiga en la que le decía que creía que se “estaba volviendo loco”. En octubre de 1980 decide asesinar a Lennon para así “pasar a la historia” y se traslada a Nueva York. Pero repentinamente decide que no lo hará y regresa con la mujer con la que estaba casado en esa época, le confiesa que estuvo tentado de matar a Lennon pero que no lo hará y concreta una cita, el 6 de diciembre, en Nueva York, con un psicólogo. Nunca llega a esa cita y comienza ese día a acechar a Lennon.

Primero se topa con otro músico, James Taylor, que, en su testimonio, posterior al asesinato de Lennon, asegura que Chapman lo puso contra la pared “y estaba humedecido por un sudor maníaco, decía cosas raras sobre lo que iba a hacer y sobre cómo John iba a estar interesado, y que iba a ponerse en contacto con Lennon”.

El resto de la historia es literalmente una locura. En la mañana del 8 de diciembre, dejó el cercano Hotel Sheraton, donde se había alojado la noche anterior. En el hotel dejó sus pertenencias. Pasó por una librería donde compró un ejemplar de El guardián entre el centeno. En él escribió: “ésta es mi declaración”, y la firmó como Holden Caulfield. Se instaló frente al edificio Dakota, donde solían apostarse siempre fans de Lennon. Pero cuando John salió en la mañana estaba hablando con el portero y no lo alcanzó. Más tarde salió el ama de llaves de Lennon con el hijo de John y Yoko, Sean, a dar un paseo por Central Park. Chapman se detuvo con ella, la saludó y le dijo que Sean era un beatiful boy, citando la canción del propio Lennon.

A las cinco de la tarde, Lennon y Yoko dejaron el Dakota para una sesión de grabación en un estudio cercano. En la puerta del edificio, Chapman le dio la mano a Lennon y le pidió un autógrafo, en una copia del nuevo disco de John y Yoko, Double Fantasy. Un fotógrafo captó incluso ese momento. Después del asesinato Chapman declaró que “en ese momento, mi parte buena ganó y decidí que quería regresar a mi hotel, pero no pude. Esperé hasta que regresó”. Cerca de las 11 de la noche, Lennon y Yoko regresaron al Dakota en una limosina, pasaron junto a Chapman, lo saludaron, y se dirigieron a la entrada del edificio. Chapman le disparó a Lennon cinco tiros por la espalda, falló uno y los otros cuatro le perforaron un pulmón, el hombro izquierdo y la arteria subclavia. Murió casi instantáneamente.

Chapman no huyó. Se quedó en el lugar, sacó de un bolsillo su libro de Salinger y lo leyó hasta que llegó la policía para detenerlo. En su declaración, tres horas después, dijo que estaba seguro de “que la mayor parte de mí es Holden Caufield, el personaje principal del libro. El resto de mí debe ser el Diablo”. Eran las 2 de la madrugada del 9 de diciembre de 1980, hace 40 años.