Martes 24.11.2020 - 00:33

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Bibiana Belsasso

Niños cooptados por el narco

BAJO SOSPECHA

Bibiana Belsasso
Bibiana Belsasso
Por:

Se estima que en México hay alrededor de 460 mil niños halcones, equipados con armas de todo tipo.

Eran finales de agosto de 2017 cuando una madre caminaba junto con su hijo sobre la calle de República de Colombia, en el cruce con Rodríguez Puebla, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

De pronto, fueron sorprendidos por tres personas que viajaban en una motoneta azul, entre ellas un niño: el hombre se bajó, los asesinó y huyó.

La violencia en el lugar no era inédita, es algo con lo que tienen que lidiar los habitantes de la zona, una violencia en la que los propios menores de edad se habían vuelto protagonistas.

En 2018, el Centro de Apoyo a Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA) informó que jóvenes de entre 14 y 17 años de edad eran reclutados por los grupos criminales asentados en Tepito para nutrir sus filas.

En ese momento no sólo se reportaba un alarmante aumento de niños relacionados con las bandas delincuenciales, sino de un repunte en las desapariciones de menores de edad; jóvenes que días después aparecían muertos.

A partir del segundo semestre de 2017, la edad de los ejecutados y detenidos por narcomenudeo que eran víctimas oscilaban entre los 16 y 20 años de edad, mientras que los remitidos ante un juez de Control por posesión de drogas eran niños de entre 14 y 17 años.

La Unión Tepito es unos de los cárteles que en la capital ha se ha valido de los niños para incrementar sus filas.

A la mayoría los utiliza como “halcones”, es decir, jóvenes que son colocados en puntos estratégicos para reportar todo lo que observan por esas zonas.

Pero además, son sicarios, menores que suelen ser usados como carne de cañón para enfrentar a sus rivales o para participar en diversos ilícitos, y que, en caso de ser detenidos, no pasan mucho tiempo detenidos debido a su corta edad.

Es a La Unión Tepito a la que se le relaciona con el cruel asesinato de los menores mazahuas Alan Yair, de 12 años, y Héctor Efraín, de 15, quienes salieron de su casa a festejar a San Judas Tadeo a la iglesia de San Hipólito, pero fueron torturados y asesinados.

Los dos vivían en el Centro Histórico y supuestamente se dedicaban al comercio con sus papás.

Presunto responsable

José David "H". alias El Chayán, presunto integrante de La Unión Tepito, fue detenido el 5 de noviembre por elementos de la policía capitalina por su presunta participación en el homicidio de dos menores en calles del Centro Histórico.Foto: Especial

Las investigaciones apuntan a que Alan y Héctor fueron ultimados en una vecindad de la calle República de Chile, en donde operan miembros del grupo criminal.

Se sabe que los cuerpos de los menores fueron sacados de este domicilio por un sujeto llamado Édgar El Zúñiga, un expresidiario de 39 años, que operaba para Eduardo "R", alias El Chori, y para José David "H", El Chayán.

Sobre el motivo del asesinato hay diversas versiones, unas de ellas ligadas al supuesto involucramiento de los menores en el crimen organizado.

Hoy los cárteles de la droga se sirven cada vez más de niños pequeños para realizar actos criminales, menores que una vez que entran a las filas del crimen organizado, no viven más de tres años y, en caso de ser detenidos, las penas son mínimas.

Hace un par de años, en Ciudad Juárez, me tocó platicar con algunos de estos menores, les preguntaba: “¿Por qué se metieron a estas pandillas y están con el crimen organizado?”. La respuesta de muchos era que su vida no tenía sentido, y que "más valía tener una vida de pocos años de rey, que toda una vida de buey".

La realidad es que una vez que estos niños entran a las filas del crimen organizado, su vida es miserable.

Y es que hoy, la desintegración familiar, así como la falta de políticas públicas enfocadas en menores de edad, han propiciado que grupos criminales atraigan cada vez más a menores de edad. Para ellos son desechables, y además, si son detenidos las penas son mínimas.

Jóvenes desde los 12 años son reclutados por grupos criminales, y es que las modificaciones en 2005 al artículo 18 constitucional y a la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal de Adolescentes, impiden a los jueces meterlos a prisión; las medidas que se imponen van desde sanciones, orientación, protección y tratamiento.

Por cierto, muchos de estos niños están entrenados incluso para matar.

Según el informe anual 2019 de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), 30 mil menores fueron cooptados por grupos delictivos.

Desde el año 2000 al cierre de 2019 se registraron 21 mil niñas, niños y jóvenes víctimas de homicidio doloso y más de 7 mil casos de desaparición infantil. Esto significa que al día desaparecieron 4 y asesinaron 3.6 niñas, niños y adolescentes de 0 a 17 años.

De acuerdo con Redim, el Comité de Derechos del Niño de la ONU recomendó al Estado mexicano en 2011, y reiteró en 2015, revisar la estrategia de seguridad debido al impacto negativo para millones de niños y adolescentes, así como reconocer el reclutamiento forzado que realizan grupo criminales sin que hasta el momento sea atendido.

Se sabe que los llamados “niños sicarios” surgen a partir de 2006, cuando detuvieron en Nuevo León a Rosalío Reta, entonces de 17 años. El menor señaló ante las autoridades que recibió entrenamiento de Los Zetas desde los 13 años.

De acuerdo con un artículo del Banco Interamericano de Desarrollo (2018), un 40% de las personas encarceladas en América Latina y el Caribe son hijos de padres que abusaban del alcohol (39.8%) o tienen familiares que estuvieron presos (26.8%).

Según el BID, el 47% de los presos de la región declaran haber sido víctimas de violencia directa en casa cuando eran niños. Son los hombres encarcelados quienes presentan un mayor índice de maltrato infantil (48%) que las mujeres.

Para el oficial de Protección a la Infancia de UNICEF en México, Leonardo Mier (BBC, 2019), "Los niños forzados a incorporarse a las filas del crimen organizado deben tratarse como víctimas de violación de derechos humanos y no como criminales".

Es por eso que se deben crear programas que promuevan su desmovilización, debido a que los menores buscan un apego emocional con una figura adulta, y son precisamente estas bandas criminales quienes sustituyen, de cierta manera, esta carencia, generando fidelidad con el grupo armado.