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Carlos Olivares Baró

Como fue el presagio, Raúl Renán

LAS CLAVES

Carlos Olivares Baró
Carlos Olivares Baró
Por:

Para Norma Salazar

Una mañana de marzo de 1992, caminaba yo el Centro Histórico de la Ciudad de México. En la Calle de Donceles me detuve en las librerías de viejo: entre el polvo y el aroma de la tinta, entre los folios húmedos y amarillentos de cartillas a granel a 10, 20, 30 y cuando más, 100 pesos. Entraba a un local y pasaba al otro: encuentro con libros de Alfonso Reyes, Jorge Cuesta, Elías Nandino, Salvador Novo y Arqueles Vela. De momento, entre mis manos un cuaderno: Lámparas oscuras (haikú), de Raúl Renán (Mérida, Yucatán, 1928-Ciudad de México, 2017): “Ondas caricias / Dos tibios horizontes / siguen las manos”. Sonrío en el oscuro pasillo del local. “Dos cómplices / bien amadas consienten / un solo amante.” Me lo llevo por 20 pesos. A partir de ese hallazgo, la poesía de Renán me cobija.

Como fue el presagio (FCE, 2012), de Raúl Renán. El augurio fue una iniciación que volvía del porvenir. Agüero encadenado en el acaso y arrebujado en las voluntades de la evocación. Se escucha un bramido en los preludios de la anochecida. Se adelantan las profecías, entran en la presencia: nos hablan del próximo aguacero y del más lejano olvido. “Oigo un clamor desesperado / y todo es calma inocente. / No puedo olvidar que esta vida / es una ardiente fábula / en que viajamos ciegos. / Éste es el viento que cala mi cabeza / como un sombrero de alucinaciones”, apunta el poeta yucateco. Recuerdo su mirada húmeda y nocturna. Lo tengo en el espejo de presentimientos de “Verde la vigilia / y como un sol Amarillo / la moneda de la peste. / Obedezco las señales / de lo porvenir.”

Selección personal de Lámparas oscuras (1976), Catulinarias y sáficas (1979), De las queridas cosas (1982), Gramática fantástica (1983), Pan de tribulaciones (1984), Los urbanos (1988), Lausía (1990), Viajero en sí mismo (1991), Los silencios de Homero (1998), Rama de cóleras (1999), Parentescos (2003), A / salto de río (Agonía del Salmón) [2005], El cadáver exquisito de un pez (2006), Educación de la línea (2007), Mi nombre en juego (2008) y Poemas dispersos: la palabra cabalga sobre estaciones empinadas, constancias erguidas que pronuncian edades en el crepúsculo y que se desnudan ante la contingencia del vértigo.

Renán fue un temerario experimentador de la poesía mexicana de la segunda mitad del siglo XX: “poeta visual por sus trabajos capitulares y sus caligramas”, ha dicho la crítica especializada. Cercano a Fernando Pessoa desde un habla de exposición de designios para nominar a los otros. “Abro la letra y veo / la araña de tinta que amenaza. / Sus fulgores me hacen su convicto. / Siento una muda claridad por dentro / mientras afuera la verdad engaña.” La vida y sus sobresaltos en la espiral de lo cotidiano. Especulaciones sutiles untadas de una música de sosegado viaje por sueños y adivinaciones donde crece la sed: “Y todo fue vivido con la sangre, / la inocencia de la música, / el martirio de las viandas / y las oscuridades que la luz transfigura.”

Algunas imágenes de Raúl Renán: “Destino en movimiento. / Van y viene / como buscando laberintos. / A veces los desconozco, / como pasos de otro, / de otros pasos. / Aprisa o sigilosos sé que huyen / porque la tierra los persigue. / ¿A dónde, Fuga? // La tierra pisará / tarde o temprano el cuerpo de mis pasos.” * “mujer oculta / imaginación / verdadera / que al chasquido / de mis dedos / apareces.” * “Un nombre / tiene unas cuantas letras, es cierto, / pero es un bosque con retoños y maderos gigantes / claros y frescos silenciosos / y alguna que otra ardilla / traviesa entre ramas.” * “Nos contiene la forma de la vida / y tenemos la forma de la muerte. / Razón de más para explicar la suerte / de esta sed con pecado concebida.” * El presagio concurrió en las alas de un pájaro que regresaba de un viaje a las providencias.

Como fue el presagio
Como fue el presagio
  • Autor: Raúl Renán
  • Género: Poesía
  • Editorial: FCE