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Carlos Olivares Baró

“Quien no sepa renunciar no llegará a placer alguno”: Walser

LAS CLAVES

Carlos Olivares Baró
Carlos Olivares Baró
Por:
  • Carlos Olivares Baró

Nadie recordó el pasado jueves, el cumpleaños 143 del escritor suizo de expresión alemana Robert Walser (Biel, Suiza, 15 de abril de 1878-Herisau, Suiza, 25 de diciembre de 1956). Él sabía que, quien no sabe renunciar nunca llegará a placer alguno. Caminaba. Avanzaba siempre en un largo paseo por el bosque que se sabía de memoria de tanto medirlo con sus ojos / de tanto caligrafiarlo con su pequeño lápiz / de tanto trinchar sus párpados con la ventisca del otoño / de tanto vagabundear por los senderos del sueño / de tanto oler el aroma del verdor. / Vida atribulada de un microgramista de la intemperie.

“Hay que afrontar la lucha con la existencia” (Canetti): autoexilio en las comarcas de la literatura. Responsabilidad incondicional con la belleza que brota del lenguaje. Decidió ingresar voluntariamente a un manicomio porque las alucinaciones auditivas lo transportaban a la violencia y no quería maltratar el afecto de su hermana Lisa. Problemas económicos angustiosos. Las editoriales rechazan sus manuscritos.

Va Walser errante por el mundo en soledad perpetua. Va Walser escapando de todas las encrucijadas: empleado bancario, archivero, secretario ejecutivo, criado en un castillo de Silesia. Traje oscuro, corbata triste, sombrero de Fedora y paraguas. El silencio, su liberación: “El único suelo en el que el poeta puede producir es el de la libertad”, escribe en uno de sus cuadernos estrujados por las sílabas del desamparo.

Walser lee a Hölderlin, se aprende de memoria estos versos que el alemán dedica a Diotima: “Callas y sufres, no te comprenden / ¡Oh santo espíritu! Agostándote callas, / ¡Pues vanamente entre los bárbaros / buscas al rayo del sol los tuyos, // las almas grandes, tiernas que nadie halló!” Viene Walser deletreando las vocales iniciales: enarbola el desaliento en la laguna del viento que despeina sus ansias. Walser decide —como bien apunta su biógrafo Carl Seeling— apearse de la vida.

El enigma es un paisaje que supo dibujar en los cobijos de sus errabundas ensoñaciones. La perplejidad es un éxodo que la palabra arropa. Desconcierto y sombras; música que irrumpe repleta de carencias desbordadas. Walser borronea sus cartillas sin ninguna aspiración, sólo el melódico regodeo de escribir como un acto deambulatorio lo acusa en el centro de la estancia, en el columpio del encanto: niño azorado y triste frente al fervor.

La primera vez que leí a Walser comprendí como una “entidad perdida y olvidada en la inmensidad de la vida” puede perturbarnos. Hacer gala de nuestras posesiones, una vanidad medrosa. Los textos del autor de Los hermanos Tanner enmudecen nuestras pequeñas glorias: la vida es carencia festiva, parece decirnos tenazmente este raro escritor de orfandad embriagante.

Vida de poeta (Ediciones Siruela, 2010) —publicado originalmente en 1918—, miscelánea de abrumadores sosiegos, obsesiones que recorren los parajes de la fábula, la especulación ensayística y las hojarascas de la prosa poética. Pequeñas obras maestras del arte de la sujeción. No he leído mejor exégesis que la que aparece aquí de la bella durmiente o de los cuentos de Hoffmann. El cosmos de Hölderlin nunca fue elucidado con tanta complicidad afectuosa (“Turbio, torpe y oscuro llegó a resultarle el mundo…”, discurre Walser de los azares del obstinado enamorado de Diotima).

El paseo como fiesta andariega: “¡Qué alegría tan sana y buena procura el vagabundear! Sólo las alegrías inocentes son verdaderas”, confiesa en la espléndida viñeta “Excursión”. Vida de poeta o un viaje por los secretos crepúsculos de uno de los “poetas esenciales de nuestro tiempo”, al decir de Elias Canetti.

Robert Walser murió en los aposentos de la nieve. Huérfano con la mirada ensimismada y tenaz: apasionante trayecto por la vida. Cuando la ironía es una lenidad de palomas, el mundo se convierte en un pausado rumor: no caben los olvidos. Las ventanas son todos los espejos. Walser nos contempla humilde y pequeño: eterno.

Vida de poeta
Vida de poeta
  • Autor. Robert Walser
  • Género: Relato
  • Editorial: Siruela