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Daniel Alonso

El permiso de Dios

ARQUETIPO FUTBOL

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Por:
  • Daniel Alonso

Era cuestión de segundos para poner fin al sufrimiento de 23 malditos años. Nadie parpadeaba, ya nadie tomaba ni un trago de cerveza y los tacos estaban más congelados que los millones de corazones celestes en todo el país. “¡Ya acábalo, cab...!” era el grito de los cientos de aficionados que pintaron de azul el barrio de Santa Úrsula, territorio tradicionalmente de color amarillo.

Así vivían la final los cruzazulinos que buscaron conseguir milagrosamente un boleto para la gran final. Los precios imposibles en reventa impidieron que aquellos aficionados más fieles pudieran entrar al Coloso de Santa Úrsula; pero eso no les robó la ilusión ni la satisfacción de sentirse cerca de su equipo, nuevamente en una final y con el corazón en la mano, preparados para cualquier resultado.

Entonces llegó el silbatazo de Fernando Hernández, el sonido que esperaron tanto tiempo y en ese preciso instante, explotó la euforia, los gritos, la cerveza volaba por todos lados y llegó el inevitable llanto de muchos que resumía la larga travesía que significó conseguir nuevamente un título de campeones del futbol mexicano; aún faltaban unos pasos más para cerrar el ciclo y ése finalizaba al pie del Ángel de la Independencia, para cumplir con el destino del héroe y casi 100 mil personas inundaron Reforma para sentirse en paz.

“¿Por qué habrán tardado tanto?” seguramente se preguntó el majestuoso Ángel que desde las alturas durante este tiempo vio únicamente aficionados auriazules, azulcremas y del Tri. Y es muy difícil contestar dicha pregunta, depende del cristal de donde se mire, podría ser la respuesta: culpa de Billy Álvarez y su mafiosa directiva, culpa de entrenadores y/o promotores, jugadores sin compromiso, la mala suerte y después de todos estos elementos, era necesario reestablecer la fe.

Y ésta llegó de la mano de Juan Reynoso; “si Dios y la Virgen quieren, seremos campeones en el Azteca”, fueron palabras del peruano después de ganar la final de ida. No recuerdo otro entrenador del Cruz Azul en estos años que en vísperas de la final definitiva abiertamente se pusiera en manos de Dios. Estoy seguro de que, en la intimidad, muchos lo habrán hecho; pero ese domingo el Cruz Azul iba a necesitar toda la ayuda posible.

Ayer circularon imágenes del técnico peruano asistiendo horas antes del partido del domingo a la Basílica de Guadalupe. Llegó muy temprano, encendió una veladora a la Virgen, realizó una oración, se persignó y regresó con el equipo al hotel de concentración para que horas después, el sueño se cumpliera.

Este título será siempre muy especial y llevará para toda la historia nombre y apellido. Y a título de los aficionados más leales que conozco del Cruz Azul y que han acompañado a su equipo durante esta oscura etapa y jamás se bajaron del barco, hago extensivo su agradecimiento y felicitaciones al entrenador sudamericano por una extraordinaria temporada, que culminó con la novena estrella del club, la que más lágrimas les ha costado y la que más han disfrutado en su vida.

Felicidades a todo Cruz Azul y que Dios te bendiga Juan Máximo Reynoso.