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Daniel Alonso

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ARQUETIPO FUTBOL

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El delantero francés André-Pierre Gignac continúa en el huracán de redes sociales y espacios informativos de diversos medios. Sus declaraciones antes y después de disputar el Mundial de Clubes han provocado una ola de críticas y, al mismo tiempo, elogios y la defensa de sus fieles seguidores.

En este cruce de flechas de un bando a otro, lo único innegable es que Gignac no sólo se ha encargado de ser el máximo goleador y líder de los mejores Tigres de la historia, además de esto, en últimas fechas, se ha encargado de darle picante a una liga que suele carecer de jugadores con la personalidad que posee el jugador de los Tigres.

Una de sus últimas joyas que lanzó fue la publicación en redes sociales afirmando que “el peor enemigo de un mexicano, es otro mexicano”, dicha declaración parece que le llegó directamente a los “nacionalistas” que aún creen en los Niños Héroes y que claramente no han profundizado en todos los textos y ensayos sobre la identidad tan fragmentada del mexicano. Y claro, hace mucho más ruido que un jugador extranjero sea quien lo exprese.

Pero ya otros jugadores hoy retirados como Rafael Márquez, Pavel Pardo, Hugo Sánchez, entre otros, han manifestado la misma postura. Evidentemente no debemos olvidar que el debate surge desde la esfera del futbol, pero eso no es un impedimento para darle más carnita a los debates que suelen ser siempre las mismas discusiones sobre “si un equipo es grande o no”, “si al América lo ayudan o no los árbitros”, y así las eternas peleas bizantinas del futbol.

Para mí resulta más interesante tratar de expandir el debate con el propio Gignac, qué es lo que hace de un mexicano el peor enemigo de otro, sería bueno escuchar si lo dice desde las trincheras de las redes sociales, si también lo puede afirmar desde un campo de futbol o desde la ciudad en la que vive; podría entrar en detalle sobre el perfil de los franceses, si éstos son igual de solidarios en todas las regiones de su país o si tal vez fue la frustración por perder la final y simplemente no aguantó las burlas de las aficiones rivales.

Nos pasamos suplicando que los futbolistas dejen de ser tan autómatas, que logren superar las frases más repetidas en el futbol y que muchas veces son ellos mismos quienes se autocensuran por los diversos temores y motivos y cuando por ahí aparece un Gignac, le gritamos que se calle y que se dedique a jugar. Entonces, ¿simplemente debemos reconocer que Jorge Luis Borges tenía razón?, que el futbol es popular porque la estupidez es popular, que el futbol no es más que una pobre circunstancia. Si es así, no quiero ni reparar en que nos convierte quienes invertimos tanto al futbol.

¿Blanco o negro? Yo prefiero la famosa escala de grises; la visión de Borges es acertada, pero creo que no en su totalidad; sigo creyendo que dentro de la banalidad que es el futbol, existe un espacio en el que podemos discutir sobre antropología, política, economía, psicología, música y un sinfín de posibilidades, pero ya depende de cada quien, porque no niego que mucho seguirán viendo a los 22 hombres tontos persiguiendo una pelota.