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Eduardo Marín Conde

Remakes

CINEBUTACA

Eduardo Marín Conde
Eduardo Marín Conde
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La valpuleada nueva versión de “Rebeca” refleja una característica del cine de Hollywood: los remakes de películas exitosas, motivados por afán mercantilista pero que, además, son prueba de escasez de ideas innovadoras. No es una película detestable, por la fuerza temática de la novela de la inglesa Daphne Du Maurier, pero es insípida, sin alma, que palidece ante el clásico de 1940 de Hithcock.

Los remakes han sido comunes en el cine norteamericano desde los 50. A veces no es fácil definir si un filme, cuya historia original es literaria, puede ser considerado como tal. No lo son las películas de Batman o Superman ni las de Drácula o Frankenstein; tampoco las múltiples adaptaciones de Shakespeare. Creo que “Rebeca” sí lo es porque retoma aspectos cruciales de la película original, al igual que “Las brujas”, basada en el libro de Roald Dahl.

Es también el caso de “Ben Hur” (1959), remake del filme mudo del 25, el único en ganar el Oscar a Mejor Película, aunque se basa en la novela de Lew Wallace. En 2016 hubo un nuevo y lamentable remake. Ha sido el más innecesario de la historia, junto con el de “Psicosis”, esa absurda imitación, toma por toma, de la obra maestra de Hithcock (basada en una novela menor de Robert Bloch) que inexplicablemente emprendió el creativo Gus Van Sant.

Abundan los remakes fallidos e irrelevantes de importantes películas: “Carrie”, “Rollerball”, “La niebla”, “Poseidón”, “Poltergeist”, “Perros de paja”, “Los 7 magníficos” y un largo etcétera. En esta incansable tendencia, Hollywood ha copiado muchos filmes europeos. Algunos los convirtió en grandes éxitos como las comedias “Tres hombres y un bebé”, y “La jaula de las locas”, o incluso “Vanilla Sky”, con Tom Cruise. Asimismo, los remakes de filmes de terror asiáticos han sido tan efectivos como redituables (“La maldición”, “El aro”).

El remake más exitoso de la historia ha sido “Los 10 mandamientos”, que dirigió Cecil B. DeMille en 1954, basado en su propia película muda de 1923.

Pocos remakes, sin embargo, han resultado superiores a los originales; destacan “Temple de acero”, de los hermanos Coen, y el último de “Nace una estrella”, un taquillazo que el año pasado recibió ocho nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película.

Mención aparte merecen los remakes de Disney de sus propios éxitos, en versiones live action: “Aladdin”, “La bella y la bestia”, “El rey león” (que aunque es animada fue considerada en esta categoría por sus imágenes hiperrealistas), “Mulan” y próximamente “La sirenita”. En cambio, “Dumbo”, de Tim Burton, no tuvo tanta fortuna.

A fines de 2021 tendremos el arriesgadísimo remake de Steven Spielberg del musical “West Side Story”. Y para 2022, se anuncia “La pandilla salvaje”, que dirigirá Mel Gibson.

Y ojalá nadie se atreva a emprender remakes de filmes que ya son más que leyenda: “Casablanca”, “El ciudadano Kane”, “El padrino”, “Lo que el viento se llevó”, “El mago de Oz”…