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Eduardo Nateras

Disputa electoral: dos frentes

CONTRAQUERENCIA

Eduardo Nateras
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Esta semana tuvieron lugar dos hechos de toda la trascendencia electoral en nuestro país que ponen sobre la mesa el evidente interés que existe por parte de los diversos actores políticos por obtener triunfos en las elecciones intermedias del próximo año, pero, sobre todo, que la mira la tienen bien puesta en la carrera presidencial de 2024.

El martes pasado, el Instituto Nacional Electoral (INE) comenzó el proceso para renovar la dirigencia de Morena, la cual se ha convertido en una larga disputa interna que ha denotado la profunda división al interior del partido y ha provocado una guerra de declaraciones entre los principales bandos que encabezan la carrera. Esta primera instancia consiste en levantar una encuesta inicial a cargo del INE entre militantes y simpatizantes del partido, para obtener a los seis candidatos con mayor respaldo para ocupar la presidencia y la secretaría general de Morena.

De entre el medio centenar de candidaturas, esta áspera batalla tiene como principales referentes para dirigirlo a Mario Delgado —quien representa a la facción del canciller Marcelo Ebrard— y a Porfirio Muñoz Ledo —de la corriente de la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum. Las rispideces no son para menos, pues tener el control del partido dotará de enorme poder al bando que resulte ganador, ya no digamos de cara a los comicios del próximo año, sino para la definición de la candidatura presidencial de 2024.

Por otro lado, a inicios de semana Ricardo Anaya anunció su retorno a la escena pública, luego de permanecer prácticamente lo que va del sexenio lejos de los reflectores. Sin embargo, la gran interrogante es saber cuáles son sus intenciones, pues es mucho lo que está en juego.

Su retorno puede significar que busca acomodo político como diputado federal en las elecciones intermedias; que intentará obtener la candidatura del PAN por la gubernatura de Querétaro, también en juego el próximo año; o, por el contrario, que piensa desde ahora en construir un nuevo proyecto en torno a su figura que lo lleve de nueva cuenta a disputar la Presidencia de México en 2024.

Este último escenario resulta el más complejo de vislumbrar, pues es difícil pensar que Anaya represente el liderazgo que —al menos— el PAN requiere en estos momentos. Baste recordar que su empecinamiento por hacerse con la candidatura presidencial desde la dirigencia del propio partido hace un par de años, provocó la división interna más profunda en la historia del albiazul y la escisión de buena parte del ala calderonista, lo que pone en entredicho que cuente con el respaldo suficiente como para encabezar de nueva cuenta y desde este momento un nuevo proyecto.

Peculiares coincidencias —que, en política, las casualidades no existen—, si se considera la escasez de liderazgos opositores a la actual administración que cuenten con el suficiente capital político como para representar una alternativa sólida frene a Morena -quien vive su propia guerra interna- de cara a la próxima y, aparentemente, aún lejana elección presidencial.