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Guillermo Hurtado

Lopezobradorismo y cuartotransformacionismo

TEATRO DE SOMBRAS

Guillermo Hurtado
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En esta columna he insistido una y otra vez que es un grave error histórico tomar a la Cuarta Transformación y al lopezobradorismo como si fueran una y la misma cosa. Me parece que el resultado de la votación del pasado 6 de junio confirma mi diagnóstico.

En 2018, millones de mexicanos votaron a favor del ideal de una transformación. Ese ideal era el de un México nuevo, un México sin violencia, un México sin corrupción, un México más solidario, un México menos desigual. Lo que se buscaba era dejar atrás la partidocracia neoliberal para construir una democracia más robusta en la que todos los grupos de la sociedad, sobre todos los más desfavorecidos, tuvieran una voz.

En las elecciones del 6 de junio pasado, muchos de aquellos mexicanos que votaron en 2018 por la Cuarta transformación, votaron en contra del lopezobradorismo. El mensaje que dieron en las urnas fue contundente: el lopezobradorismo no resultó lo que se suponía iba a ser la Cuarta Transformación. No sólo se trata de constatar que en algunos de los temas más importantes —como, por ejemplo, el de la violencia criminal— no se observan mejoras significativas, sino que las medidas que se han tomado al respecto no parecen caminar en la dirección correcta.

Podría decirse que sin la figura de Andrés Manuel López Obrador, la mera idea de una Cuarta transformación hubiera sido imposible. Concedido. No se puede negar que su carisma, su empuje, su determinación han sido decisivos para la historia de México del siglo XXI. Sin embargo, un porcentaje de quienes votaron por Morena en 2018 no estuvieron dispuestos a seguir votando por ese partido en 2021 sólo por lealtad al Presidente. Esos electores votaron en 2018 por la Cuarta Transformación, no por Andrés Manuel López Obrador en lo particular. O dicho de otra manera, esos electores eran cuartotransformacionistas, no lopezobradoristas.

Este dato es importante para explicar por qué el PRI, el PAN y el PRD recibieron más votos en estas elecciones que en las anteriores. Mucha gente votó por ellos únicamente por votar contra Morena. En otras palabras, si existiera el voto negativo, es decir, un voto en contra de un partido que no fuera un voto a favor de otro partido, los resultados electorales del PRI, PAN y PRD hubieran sido más pobres. El bloque opositor juntó votos porque su campaña se basó exclusivamente en su rechazo al lopezobradorismo. Pero debe quedarnos muy claro que ese bloque no ofreció nada nuevo. Tal parece que lo que quisiera es que el tiempo fuera para atrás y que las cosas volvieran a ser como antes de 2018. Para ellos, el lopezobradorismo ha sido como un mal sueño del que despertaremos dentro de tres años. Lo que el PRI, el PAN y el PRD no entienden es que muchos mexicanos no quieren regresar al pasado, lo que quieren es que México cambie para bien. En ese sector se encuentran los cuartotransformacionistas que no encontraron en el lopezobradorismo la respuesta que buscaban. Si el 6 de junio pasado ellos votaron por el PRI, el PAN o el PRD, eso no significa, de ninguna manera, que hayan votado convencidos por esos partidos, que han sido incapaces de ofrecer un proyecto sustantivo de país para el post-lopezobradorismo.

Es indispensable que empecemos a pensar, desde ahora mismo, en el México que queremos para después del 2 de junio de 2024. ¿Queremos volver al México de antes del lopezobradorismo? ¿O queremos que el régimen lopezobradorista se extienda por otros seis años con otra persona en la silla presidencial? ¿Estamos condenados a conformarnos con esas dos opciones?

¿Por qué no imaginar una tercera opción, la de replantear el ideal democrático de una transformación de México? ¿Es posible trabajar desde las trincheras de la política por un México sin violencia, sin corrupción, sin injusticias? Quienes pensamos que vale la pena luchar por ese México, debemos unirnos para formar un nuevo frente político. Lo que no podemos aceptar, me parece, es un horizonte sin la esperanza de cambio. Resignarnos a ello, sería dejar morir de inanición a la agonizante democracia mexicana.