Lunes 18.01.2021 - 08:26

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Guillermo Hurtado

La verdad dentro del pozo

TEATRO DE SOMBRAS

Guillermo Hurtado
Guillermo Hurtado
Por:

Sin que nadie lo esperara, la verdad se convirtió en un tema de discusión pública en el siglo XXI. El neologismo “posverdad” brotó en los medios de comunicación, en las redes sociales y en las conversaciones y, de repente, todo mundo se quejaba de que se había sacrificado a la verdad por las emociones, los prejuicios y las mentiras. El tema de la verdad, sin embargo, no es nuevo, es viejísimo; pero, por decirlo de alguna manera, estaba dormido en la opinión pública. Ahora se lo ha despertado de golpe y tiene que adaptarse a las exigencias de nuestro presente.

En la mitología greco-latina, la diosa Verdad, hija de Júpiter, es una doncella que vive en el fondo de un pozo. Está desnuda o apenas cubierta con una túnica blanca y lleva un espejo en la mano. Lo que sugiere el mito es que la verdad vive dentro del pozo porque es misteriosa, elusiva y siempre intrigante. Nunca se muestra desnuda a la luz del día. Para conocerla, los seres humanos deben atreverse a descender a las profundidades.

Las alegorías pueden cambiar de significado. Hoy en día pensamos que, a pesar de su radiante belleza, la verdad está dentro del pozo porque, en realidad, nadie quiere que salga de ahí. Hay algunos cuadros pintados a finales del siglo XIX por artistas académicos franceses como Jules Lefebvre, Jean-León Gérome y Édouard Debat-Ponsan en los que se reproducen escenas del mito. En algunas obras, la verdad está sola en el fondo del pozo, a veces desafiante, sosteniendo su espejo como si fuera una antorcha y, en otras, yaciendo semihundida en el lecho del pozo, como si hubiera sido derrotada. En otra serie de cuadros, la verdad sale del pozo con un látigo en la mano. Su rostro, al ver lo que sucede en la superficie, es de asombro. En otras pinturas, los enemigos de la verdad intentan impedir que salga del pozo y la sujetan para que no nos plante su espejo o nos castigue con su látigo. Lo que se supone es que sus enemigos logran lanzarla de nuevo al fondo del pozo. Quizá no sea una coincidencia que esta alegoría de la verdad dentro del pozo haya cobrado popularidad en la Francia de la polémica acerca de la inocencia o la culpabilidad del comandante Alfred Dreyfus. Este debate polarizó a la sociedad francesa en dos bandos irreconciliables. La prensa alimentaba cada posición con artículos cada vez más virulentos. Todo aquel suceso puede verse como un antecedente de la posverdad que ahora padecemos.

Las investigaciones sobre la verdad en la filosofía contemporánea se han vuelto sumamente especializadas. Es por ello que un sector de la filosofía académica se ha quedado sin nada relevante que decir en la polémica pública sobre la posverdad. La filosofía ultraespecializada ha perdido de vista el bosque de la verdad por examinar con demasiada atención a los árboles que lo conforman. En consecuencia, no sólo ha perdido relevancia sino incluso, hay que admitirlo, cierta altura de miras. Nunca hemos tenido más teorías de la verdad y, sin embargo, parece que la verdad nunca nos ha resultado más lejana.

En el siglo anterior, Heidegger afirmaba que era indispensable que la filosofía retomara la comprensión pre-teórica de ciertos conceptos fundamentales. Uno de ellos es el de la verdad. Otra manera de describir lo que sucede en la filosofía académica es sostener que los filósofos están demasiado absortos en las teorías sobre la verdad en vez de poner su mirada en la verdad misma, es decir, en el ancho fenómeno de la verdad en la vida humana. En vez de escribir innumerables artículos sobre las teorías de la verdad, lo que los filósofos tendríamos que atrevernos es a descender al pozo de la verdad para buscarla, para rogarle que nos acompañe, para ayudarla a salir, para organizar su recepción en la superficie del mundo.

Hay imágenes que dicen más que mil palabras. El espejo de la diosa nos recuerda que sin la verdad no podremos salir de las redes del autoengaño. Y su látigo significa que sin la verdad no hay justicia. Nuestro mundo no tiene remedio sin la verdad. La filosofía debe ir en pos de ella.