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Horacio Vives Segl

1 de julio: pasado y futuro

ENTRE COLEGAS

Horacio Vives Segl
Horacio Vives Segl
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Como se sabe, hoy se cumplen dos años de las elecciones federales y concurrentes de 2018. Pero lejos de haberse consolidado la democracia mexicana con la tercera alternancia en la Presidencia de la República, más bien el panorama institucional actual es desolador.

Como he enfatizado muchas veces, en cualquier democracia del mundo es perfectamente normal que el Gobierno defienda lo que considera sus logros, mientras las oposiciones están para criticarlo y generalmente atacarse también entre ellas, aunque ocasionalmente podrán aliarse, con el propósito de lograr la alternancia en el poder. En esa lógica se inscribe el evento convocado para hoy por el Presidente de la República, otro “informe de Gobierno” en el que, atendiendo a los precedentes, seguramente va a resaltar lo mismo que el lopezobradorismo y sus turiferarios consideran sus éxitos económicos, laborales, en materia de seguridad pública, en combate a la corrupción, en liderazgo internacional, en atención a la pandemia, etcétera. Todo lo anterior, por supuesto, en absoluta desconexión con la (terca) realidad (que no se ajusta al guion de “los otros datos”). A reserva de que nos sorprenda con algún anuncio digno de un jefe de Estado —nuevamente, dados los antecedentes, muy poco probable—, lo más previsible es que presenciemos su misma retórica.

Preocupa y ocupa la desafortunada declaración del Presidente autoasumiéndose como “guardián de las elecciones”. Habrá quien diga que no es una expresión fuera de lugar ni algo amenazante —“perro que ladra no muerde”— o que sencillamente fue una más de sus ocurrencias verbales. El Presidente sabe que no tiene NADA que hacer en la organización y calificación de las elecciones, pues para eso hay un mandato constitucional que faculta a autoridades autónomas, tanto en el ámbito administrativo (INE y OPLE) como jurisdiccional (tribunales electorales).

Lo delicado de esas declaraciones es que no vienen de un ciudadano a título personal, un líder social o un candidato, sino del jefe del Gobierno federal y del Estado mexicano. Póngase en contexto, además, que es el único político que desde 1988 ha sido postulado ininterrumpidamente cada seis años para los más altos cargos electorales (gubernaturas y Presidencia) —no sé si exista otra persona con igual récord en el planeta— y que jamás ha aceptado un resultado que no le favorezca. Binario donde no existe la posibilidad de perder: o gano yo o es fraude.

En todo el periodo de consolidación de la joven democracia mexicana no habíamos presenciado a un Gobierno que desacreditara abiertamente a la autoridad electoral en varios frentes, pasando por abiertas descalificaciones personales a algunos de sus funcionarios y el ataque político a la institución en su conjunto. No extrañaría el falaz argumento de la austeridad, ahora con reforzamiento pandémico, para que no se le otorgue al INE el presupuesto suficiente para celebrar el proceso electoral más grande de la historia del país, donde más cargos de elección popular se van a disputar, en 2021. Es incierto el futuro próximo por los efectos del Covid; sería muy mezquino sacar raja electoral de ahí.